CONFLICTO DE CONVIVENCIA EN EL DISTRITO DE SANTS-MONTJUÏC

Blai muere de éxito

La peatonal calle mayor del Poble Sec concentra 41 bares y una treintena de terrazas en apenas 450 metros

Los vecinos recogen 800 firmas contra los ruidos y los actos incívicos

Escenario de un conflicto 8 Terrazas en la calle de Blai, el pasado jueves.

Escenario de un conflicto 8 Terrazas en la calle de Blai, el pasado jueves. / EL PERIÓDICO

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EL PERIÓDICO
BARCELONA

Si hace apenas una década alguien hubiera explicado a alguna vecina de la antaño desapercibida calle de Blai que esta sería una de las vías  de moda de la ciudad le habrían tomado por loco. Hoy por hoy, en los 450 metros que atraviesan el Poble Sec entre la plaza de los Ocellets y Nou de la Rambla hay 41 bares y una treintena de terrazas, cifra que se ha doblado en los últimos cuatro años ante los ojos de unos atónitos vecinos, que han decidido decir basta. O quizá sea más correcto decir que han decidido volver a decir basta, ya que las quejas por los problemas de convivencia e incivismo en esta vía se arrastran desde que se apostó por convertir ese espacio en la calle mayor del Poble Sec, haciéndola peatonal, decisión que hizo florecer las terrazas, y desaparecer cualquier otro tipo de negocio que no estuviera relacionado con el ocio, sobre todo nocturno.

Lo que pasan los vecinos de esta calle estrecha en la que las concentraciones de gente -normalmente de gente con ganas de divertirse, para centrar más la descripción- se repiten noche sí noche también parece fácil de imaginar, como mínimo para los sufridos residentes de espacios de similar actividad trasnochadora, véase Gràcia, Raval, Born, Barceloneta… «Las terrazas cierran a las doce, pero el ambiente sigue. Los principales problemas de convivencia e incivismo aparecen después. La gente no se va, se queda allí charlando, y se forman botellones, aparecen los lateros…» Esta misma frase, con mínimas variaciones, la repiten prácticamente todos los vecinos consultados. «La gente sabe que aquí hay movimiento y el movimiento trae más movimiento», es otra de las afirmaciones de los quejosos vecinos, que han presentado 800 firmas a la Síndica de Greuges, Maria Assumpció Vilà, para intentar buscar una solución al sin vivir en el que se han convertido sus días -y sobre todo sus noches- desde que su calle se erigió en un atractivo de la noche barcelonesa.

Sin plan de usos

Màxim Montori, vocal de Urbanismo de la Coordinadora d'Entitats del Poble Sec, apunta que el problema es de difícil solución porque se afronta demasiado tarde. «Si se hubiera hecho un plan de usos en su momento, como las entidades estuvimos pidiendo durante mucho tiempo, no habríamos llegado a esta situación, en la que prácticamente en la calle no hay otra cosa que bares y terrazas», explica el activista vecinal, quien recuerda que, después de la primera oleada de quejas, tras la peatonalización de la calle, la respuesta que dio el distrito --aún con el anterior equipo de gobierno del bipartito municipal-- fue una transformación urbanística, con la instalación de pivotes y un refuerzo de la vigilancia policial, «cuando estaba claro que el problema había que afrontarlo de otra forma, como el reivindicado plan de usos para vetar la apertura de nuevos bares y promover un comercio de proximidad, desaparecido en la zona».

A nadie se le escapa que la falta de comercio de proximidad tiene otras causas. Una de las principales, la falta de relevo generacional en los comercios tradicionales, que tomó un giro en los años 2000, con la llegada de la inmigración no comunitaria, que reabrió muchos de los locales cerrados en todo el Poble Sec. Más recientemente, en los últimos años, esa inyección de juventud se ha reencarnado en inmigrantes europeos que han visto en el barrio un lugar donde abrir sus talleres de arte, algo que muchos ven como un arma de doble filo, por el peligro de gentrificación (expulsión de los vecinos tradicionales) que puede comportar, del que saben mucho en zonas como el barrio del Born.

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Nueva ordenanza

Fuentes municipales apuntan que están trabajando con los vecinos, con los titulares de los establecimientos, con los comerciantes y las entidades para elaborar una propuesta de ordenación de las terrazas y también se están pensando conjuntamente medidas para solucionar los problemas de ruidos. Además, el municipio confía en que la nueva ordenanza de terrazas aprobada en el pleno del viernes pasado ayude a solucionar el conflicto, ya que considera este espacio una zona de tratamiento especial, lo que da herramientas para buscar el equilibrio entre la calidad de vida de los vecinos y la actividad económica.