El juicio de una presunta trama de corrupción

Un testigo acusa a jefes policiales de cobrar sobornos del Saratoga

Agrega que los dueños del club entregaron otros 9.000 € a un agente para la operación de su hija

El confidente dice que un comisario y un inspector jefe percibían cada mes un sobre con 6.000 euros

Manuel Gutiérrez Carvajo, ayer, entrando en la sala de vistas mirado al frente y sin fijarse en los acusados que están sentados en el banquillo.

Manuel Gutiérrez Carvajo, ayer, entrando en la sala de vistas mirado al frente y sin fijarse en los acusados que están sentados en el banquillo. / FERRAN NADEU

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J. G. ALBALAT
BARCELONA

Presuntos sobornos, burdeles, prostitutas, comilonas en restaurantes de prestigio y compadreo entre los propietarios de club de alterne Saratoga, de Castelldefels, y mandos del Cuerpo Nacional de Policía. En este marco se desarrolló ayer la declaración de Manuel Gutiérrez Carvajo, el principal testigo de cargo contra la presunta trama de corrupción policial y prostitución ilegal que está siendo juzgada en la Audiencia de Barcelona. Este confidente de la policía volvió a tirar con bala contra dos funcionarios policiales acusados:  el que fuera comisario Luis Gómez, que había sido responsable de la Brigada Provincial de Extranjería, y Andrés Otero, inspector jefe hasta el 2004. Les atribuyó haber cobrado cada mes 6.000 euros entregados en unos sobres por los dueños del burdel Saratoga.

Gutiérrez Carvajo fue contundente y no dio ni un paso a atrás respecta al relato que en su día defendió en la fiscalía y ante la jueza de Barcelona que se encargó de la  investigación sobre las actividades  en los prostíbulos Saratoga y Riviera, este último también en Castelldefels. Ante las preguntas del fiscal anticorrupción Fernando Bermejo, el testigo clave  fue desgranando con detalles (como nombres de restaurantes, fechas y alguna que otra confesión íntima) cada una de las situaciones que, según él, vivió.

El testigo explicó una y otra vez que durante cuatro años (del 2002 al 2006) presenció entregas mensuales de sobres con dinero a los mandos policiales Luis Gómez y Andrés Otero por parte de los dueños del Saratoga, supuestamente para que el local recibiera protección y alertarlo de las redadas que se iban a practicar. Gutiérrez Carvajo resistió los intentos de los abogados defensores de desacreditar su versión por su papel de confidente policial.

COMIDAS Y RELOJES DE LUJO / En todo momento se mantuvo firme en su declaración inicial y se ratificó en que había presenciado, la primera vez en su concesionario de coches de importación y después en un restaurante, el trasiego de sobres con 6.000 euros en metálico a los dos imputados. Subrayó las numerosas comidas que habían mantenido con los dos jefes policiales y los propietarios del Saratoga, todos ellos amigos suyos, y confirmó que había sido intermediario en otro presunto soborno: el pago de 9.000 euros de una operación de la hija de Andrés Otero. También la compra de relojes de lujo para la esposa de este inspector jefe en una joyería.

El confidente dejó caer otras insinuaciones incriminatorias ante el tribunal, como que en el banquillo no están sentados todos los policías involucrados, que el inspector Andrés Otero traficaba con joyas robadas, que el encargado del Saratoga vendía cocaína en el local a clientes importantes o que la propia policía se encargaba en ocasiones de llevarse en coche a las prostitutas sin papeles ante la inminencia de redadas. Relató que uno de los agentes imputados, Ignacio Landa, acompañaba por la noche al encargado del Saratoga para que no le robaran la recaudación del prostíbulo.

El testigo aprovechó para denunciar haber sido reiteradamente amenazado para que callara en el juicio. La última ocasión solo hace unos días cuando se le acercó un desconocido para avisarle de que no declarara en la vista, y la penúltima, hace unas semanas, cuando otra persona le hizo unas fotografías. «Está denunciado en los Mossos», aseguró. También afirmó que el comisario Luis Gómez le llamó el día antes de una las declaraciones que hizo durante la investigación para advertirle de que no hablara porque sino «tendría que desenterrar las hachas». «He aguantado lo que he podido en estos cuatro años», subrayó.

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Pese a que su declaración resultó acusatoria para la mayoría de los agentes imputados, la declaración de Gutiérrez Carvajo dio un balón de oxígeno  a la defensa del inspector jefe José Javier Martín Pujal,  conocido como Jordi, quien relató en su interrogatorio que se infiltró en los burdeles fingiendo ser corrupto para desenmascarar la trama y averiguar si sus jefes cobraban de los dueños del Saratoga. Incluso, llegó a montar un encuentro en un hotel de Barcelona con el encargado del club de alterne para discutir el dinero que podía cobrarles.

El testigo clave corroboró que Martí Pujol  investigaba si sus superiores recibían sobornos. «Me lo preguntó varias veces, y sobre todo sobre un jefe policial destinado en Granollers», afirmó. «Le dije que lo dejara porque no sabía dónde se estaba metiendo», agregó.