EN PORTADA DE VERANO

Locos por Picasso

Los domingos por la tarde, cuando el museo abre sus puertas gratis, las colas superan las dos horas de espera

El éxito del equipamiento ha convertido la calle de Montcada en un lugar habitual de manteros

Visitantes esperan, ayer, acceder al Museu Picasso en su horario gatuito.

Visitantes esperan, ayer, acceder al Museu Picasso en su horario gatuito. / ALBERT BERTRAN

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ROSA MARI SANZ
BARCELONA

Durante toda la mañana la cola tuvo momentos de considerable longitud y bulto, dificultando sobremanera el paso por la calle de Montcada, demasiado estrecha para tanto éxito. Pero sin duda el punto más álgido fue poco después de las dos de la tarde, cuando quedaba aún un buen rato para la hora esperada por muchos: las tres. Es entonces cuando el Picasso, como otros nueve museos de la ciudad cada domingo por la tarde, abre sus puertas sin cobrar entrada. Una oferta que debería de ser, en ello pensó el Ayuntamiento de Barcelona hace cuatro años, para seducir al público local y animarlo a levantarse del sofá ese habitual día de tedio, pero que está beneficiando de manera aplastante a los turistas, que ganan por goleada al visitante barcelonés. Pese a todo, y a diferencia de otros días de la semana o en momentos de pago, algo de catalán se oyó ayer en una larguísima hilera en la que no fueron pocos los que tuvieron que aguardar más dos horas para entrar. Aunque fue tarea costosa encontrar a un nativo.

Poco antes de que abriera sus puertas gratis, y mientras otros muchos iban saliendo del equipamiento tras haber abonado 11 euros de la entrada (o solo los seis que vale ver exclusivamente la exposición temporalAutorretratos, hiperpromocionada en banderolas de la ciudad), la cola de los que deseaban entrar sin pagar a ver todo el museo ya ocupaba toda la calle de Montcada y llegaba hasta el paseo del Born. «No importa. Contábamos con ello. Si te vas a otras ciudades asumes que tienes que esperar. Haces cola y punto», explicaba una joven pareja barcelonesa que acudía al museo como parte de sus vacaciones, esta vez, en casa. «Estamos los dos en paro pero nos hemos obligado a hacer actividades como si estuviéramos fuera, para animarnos. También le estamos sacando partido a los vales de descuento de los 17 monumentos modernistas que promociona el ayuntamiento», añadía ella.

Apoyo de informadores

A su lado, otra pareja, franceses, preguntaban por el motivo de la inmensa fila y al descubrir que no era lo habitual, sino solo los domingos por la tarde y para ver el conjunto de la obra de Picasso (para la exposición temporal no había que esperar), abandonaban la fila con la intención de volver en otra ocasión. No obstante, como explicó a este diario uno de los muchos informadores que el museo dispone para atender a los visitantes, la mayoría viene con la lección sabida. O sea, que conocen los horarios de pago y los de no pago, ya que se promociona en la web.

Al margen de ese frenesí dominguero a partir de las tres de la tarde, el éxito del Museu Picasso está muy por encima de si su entrada es o no gratuita. El atractivo del arte del pintor malagueño es, sin duda, la razón fundamental de que reciba anualmente un millón de visitantes. Lo que lo convierte, de paso, en un lugar excelente para negocios alternativos. Buena prueba de ello es que estratégicamente, delante de la puerta de acceso a las taquillas, los manteros y los músicos han encontrado un buen lugar en el que sacar unos euros. También los vendedores de botellines de agua.

Música para amenizar

Suvenires en formato imán y abanicos, muy útiles para esas largas esperas, son los productos más exhibidos por unos vendedores ambulantes a los que ayer no se veía demasiado preocupados por tener que salir corriendo por alguna amenaza policial. De hecho el ambiente era muy distendido y animado, y los manteros fueron la principal claca de los grupos de música que a su lado amenizaban las colas con diferentes estilos. Ahora reggae, luego un poco de música cubana, un momento también para la rumba... Unas actuaciones que algunos seguían con entusiasmo desde la fila, a tenor de los bailoteos que más de uno se pegó.

Por contra, estas actividades se han convertido en una molestia para los vecinos que quedan en una zona en la que cada vez hay más pisos turísticos. No por el qué sino por el dónde: «Les hemos pedido que no se pongan en este tramo tan estrecho porque ya no podemos ni pasar por aquí. Esto se ha vuelto intransitable», lamentaba una señora jubilada que vive en la calle de Montcada, con buenas vistas a la cola.

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A falta de conocer las últimas cifras para saber si ha aumentado de manera notable la cifra de visitantes que expliquen esta multitud de fans, desde este equipamiento apuntaban ayer una posible razón: en los últimos tiempos se deja entrar a menos gente de una vez para que las salas se visiten con mayor comodidad. Una novedad que introdujo Bernardo Laniado-Romero cuando se hizo cargo, en febrero del pasado año, de la dirección del Picasso.

Como sea, estas colas además son una bendición para los comerciantes, bien alimentados entre semana por los miles de visitantes que se acercan al barrio, y que ahora se han lanzado a abrir el domingo, como volvieron a hacer ayer. Se amparan en una ley del Gobierno que no secunda el Govern, aunque este hace la vista gorda hasta que la proposición de ley al respecto finalice su trámite en el Parlament y se reafirme la política de abrir solo ocho domingos al año. Mientras, intentan que se contagie en sus cajas esa animación que vive el Born, que ganará un nuevo foco de atracción en septiembre con el estreno del centro cultural levantado en el antiguo mercado.