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El museo del hemisferio sur

El Museu de les Cultures del Món tiene prevista su inauguración en el 2014 mostrando 800 objetos procedentes

del Museu Etnològic de manera más estética, lo que provoca controversia

CRISTINA SAVALL
BARCELONA

El Museu de les Cultures del Món es un ambicioso proyecto museístico impulsado por Jaume Ciurana, teniente de alcalde de Cultura de Barcelona, que busca los aplausos del público pero que disgusta a muchos socios del Institut Català d'Antro-

pologia (ICA) y a profesores universitarios porque su nacimiento se alimenta en gran parte del expolio del histórico Museu Etnològic de Barcelona, ahora cerrado para el embalaje de las 800 piezas de las mejores colecciones no occidentales que irán a parar a las salas del nuevo espacio de la calle de Montcada frente al Picasso, que tiene prevista su inauguración en junio del 2014.

El nuevo museo se llama Cultures del Món pero los objetos que exhibirá en las vitrinas del Palau Nadal y el del Marquès de Llió proceden solo del hemisferio sur. En el Etnològic estas colecciones servían de pretexto para explicar historias referidas a los exploradores que en la primera mitad del siglo XX volvieron con sensaciones, escritos, dibujos, fotografías y objetos de otras culturas que admiraron.

LA INFLUENCIA DE EUDALD SERRA / Es el caso del industrial y mecenas Albert

Folch i Rusiñol (1922-1988), cuyos herederos cedieron hace dos años su colección de piezas de África, América, Asia y Oceanía al Ayuntamiento de Barcelona para ser mostrada en el Museu Etnològic y que finalmente irá a nutrir las arcas del Museu de les Cultures del Món. A finales de los años 50, Folch compartió viajes con el escultor Eudald Serra (Barcelona, 1911-2002), que además de ser el primer director de la Fundació Folch, fue colaborador habitual del Museu Etnològic, al que confió el legado.

El consistorio anunció entonces que la cesión de esta colección obligaba a hacer obras de remodelación y ampliación del Museu Etnològic para acogerla en las mejores condiciones. Las obras de adecuación se presupuestaron en dos millones de euros, pero con el cambio de planes la gran inversión se olvida de su primer objetivo y se desvía al nuevo centro de la calle Montcada, cuyo presupuesto de reestructuración asciende a cinco millones de euros.

Para muchos etnólogos y antropólogos este cambio implica «la mutilación» conceptual del Museu Etnològic, que Ciurana pretende reducir al escaparate de la etnología catalana, con muestras de cerámica  popular, gegants y herramientas utilizadas por los campesinos en distintas épocas. Esta reivindicación es una prioridad política de la administración nacionalista dentro de los actos de la celebración del tricentenario de 1714, cuando Catalunya perdió sus libertades.

El problema radica en que el Museu de les Cultures del Món no es un sustituto del Etnològic con más de 70 años de historia en su sede de Montjuïc. El nuevo espacio se está afianzando desde una perspectiva occidental. «Está pensando como un museo del siglo XIX rendido a la curiosidad y al divertimento. Una mirada totalmente etnocéntrica que no valora las culturas en un plano igualitario, que no acepta las diferencias clasificándolas como exóticas, algo que está en desuso», considera un portavoz del ICA.

Es un gran proyecto museístico de nueva creación pero presenta los objetos de una cultura lejana como una experiencia estética o artística, no como piezas de claro interés científico como la importante colección de cerámica japonesa, el arte Fang de Guinea Ecuatorial o las máscaras australianas recopiladas, restauradas y preservadas por el Etnològic, mantienen los críticos.

Además el centro se nutrirá de otras cesiones de destacados coleccionistas privados, como la de arte precolombino del empresario Jordi Clos y la de arte asiático del mecenas alemán Désiré Feuerle.

El referente es el Musée du Quai Branly, construido en París en un edificio de Jean Nouvel junto a la torre Eiffel y con una colección que agrupa 3.500 piezas de África, Oceanía, Asia y América procedentes de los antiguos fondos del Museo del Hombre y del Museo Nacional de Artes de África y Oceanía. Al igual que este centro francés, el museo de la calle de Montcada huye de la concepción clásica de exhibición sistemática de la colección y selecciona las obras por su fuerza estética.

Carme Clusellas, presidenta de la Associació de Museòlegs de Catalunya, firma el programa expositivo del Museu de les Cultures del Món cerrado en diciembre del 2012. Clusellas defiende que dar prioridad a la concepción formal del objeto en relación a su estética, por encima de su contexto y significado, es una nueva tendencia apadrinada por el Musée du Quai Branly. «Es una opción no exenta de polémica más por parte de científicos y estudiosos que por parte del público», asegura la museóloga, que ha marcado las líneas del Museu de les Cultures del Món.

Su propuesta apuesta por un modelo de museo de arte, que parta de una cuidadosa selección de las mejores obras de las colecciones de origen, y que incluso busque otras, para completar un discurso amplio centrado en el arte de las culturas del mundo no europeas.

«Es un modelo de exposición de colecciones con una museografía básicamente emotiva. Es la museología y la museografía de las maravillas. Pero la voluntad y el reto es superar este modelo que si bien cosecha éxito, también es cuestionado», argumenta Clusellas. Su recomendación se basa en una propuesta museológica mixta que también incorpore exposiciones temáticas dentro del mismo discurso estético, pero que facilite el acercamiento didáctico buscando nuevas fórmulas de interpretación que permitan conocer y contextualizar cada objeto y sobre esta base «gozar» de la belleza del arte y de colecciones alejadas de nuestros postulados culturales, pero no por ello menos artísticas.

El problema, según ella, es que el principio de diferentes culturas del mundo no europeas es inabarcable tanto por la dimensión como por el concepto. «La presentación será forzosamente parcial y limitada». Ello obliga a romper con la idea tradicional de museo hermético accesible solo a los iniciados o eruditos en temas etnológicos. «El museo debe ser un espacio abierto al gran público y participativo», concluye.

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