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Nuevo sistema de seguridad

Los operarios de limpieza estrenan casco para la recogida de basura

Las otras tres compañías que realizan la retirada de desechos aplicarán la medida próximamente

La empresa FCC impone el protector a todos los empleados que cuelgan de un estribo del camión

CARLOS MÁRQUEZ DANIEL
BARCELONA

La basura ya no es un elemento homogéneo. El reciclaje lo ha cambiado todo, y también el método de recogida es ahora distinto. Lo que se mantiene intacto es el papel que desempeñan los operarios de limpieza, los mal llamados basureros, que siguen colgados de la parte trasera del camión mientras el conductor salta de contenedor en contenedor. Una de las cuatro empresas que realizan esta trabajo en Barcelona ha decidido añadir algo más de seguridad a esta vital tarea que el ciudadano recibe cerrando las ventanas de casa. Es Fomento de Construcciones y Contratas (FCC), que desde hace unas semanas incluye el casco obligatorio entre sus medidas de protección.

Sucedió que el 28 de septiembre del 2006 un empleado que realizaba su ronda por Albacete perdió el equilibrio y cayó del estribo cuando el vehículo estaba en marcha. El aparatoso accidente derivó en una incapacidad permanente. Denunció los hechos y la inspección de trabajo impuso una sanción a la empresa por no haber dispuesto los medios necesarios para evitar las lesiones. La compañía, ante la jurisprudencia que generaba la sentencia, decidió que sus operarios se cubrirían la cabeza, y Albacete fue el primer lugar en el que se implantó la medida.

De momento son 80 los operarios obligados a cubrir su cráneo para poder trabajar en Barcelona, según apunta Manel Fajardo, jefe de servicios de recogida de FCC en la capital catalana. Esta compañía se encarga de los distritos del Eixample, Gràcia y Ciutat Vella, y por ahora es la única que ha tomado esta decisión. El resto de operadores (CLD, Urbaser y Cespa) podrían implementarlo en las próximas semanas o meses para no dar la sensación de que una misma ciudad se toma la seguridad de manera aleatoria.

REMEDIO O ENFERMEDAD / Los operarios de limpieza con casco ya pueden verse en San Sebastián, Oviedo, Bilbao o Valencia. La semana pasada se empezó a usar en Madrid, donde 800 empleados refunfuñaron porque ahora justo viene el verano y en el centro de la Península la canícula es criminal. La delegación central de UGT solicitó que se evaluara la adecuación del proyecto, recordando que la normativa que rige la seguridad del trabajador, señaló el sindicato, «establece que un equipo de protección individual en ningún caso debe suponer más perjuicio que beneficio, como un sometimiento a estrés térmico o posibles dermatitis». Es por ello que han decidido «interponer denuncia ante la inspección de trabajo para que evalúe si la medida es adecuada o no» José Joaquín Sánchez, secretario de UGT del sector de saneamiento urbano en Barcelona, rebaja la tensión y puntualiza que novedades de este tipo «siempre requieren un tiempo para adaptarse». «Pasarán unas semanas y los operarios empezarán a ver que las ventajas son más importantes que las posibles incomodidades», sostiene.

El concejal Joan Puigdollers, responsable de Medio Ambiente, opta por no entrar en asuntos de empresa y se limita a valorar «positivamente la idea porque el ayuntamiento está a favor de las mejoras en las condiciones laborales de los trabajadores que acaben revirtiendo en un mejor servicio para los ciudadanos».

Sánchez confirma que el resto de empresas irán adaptándose a la nueva norma. Fajardo explica que el casco elegido no es un modelo estrictamente de ciclista, como sucede en el caso de Madrid, sino un ejemplar menos aerodinámico pero más discreto que se usa «para patines en línea y para ir en monopatín». Tal y como se percibe en la foto, parece que se ha optado por un concepto medio entre el de ciclista y el de peón de la construcción.

CAMIÓN AMIGO / Al margen del casco, el estribo y la barra de sujeción, los operarios de limpieza encargados de la recogida de basura tienen a su favor el propio camión. Cada vez que se suben a su pequeña plataforma, el vehículo les detecta y se activa un mecanismo que impide que la velocidad supere los 30 kilómetros por hora. Lo único que no tiene solución, por ahora, es el olor que desprenden los restos, orgánicos o no, que genera la ciudad.