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ESPACIOS URBANOS POR DESCUBRIR

Un oasis cerca de la Rambla

Los jardines de la Casa Ignacio de Puig se encuentran en la calle de la Boqueria, en una finca con una fachada de Puig i Cadafalch

CRISTINA SAVALL / Barcelona

El ajetreo de la Rambla queda a años luz de los jardines ocultos en la peatonal calle de la Boqueria, que en 1999 fueron catalogados como patrimonio arquitectónico y espacio verde singular para garantizar la conservación de este edén que tiene sus raíces en 1860. A tan solo 20 metros de la antigua riera más transitada de Barcelona, a la altura del Liceu, se esconden magnolios, estos días en flor, laureles, tilos y ligustros que ensombrecen la muralla que le separa de la calle de Arolas.

El Instituto Municipal de Parques y Jardines de Barcelona tiene una placa en la fachada del Hotel Petit Palace Opera Garden, con entrada en la calle de la Boqueria, 10, en la que informa de que los jardines románticos de la Casa de Ignacio de Puig están abiertos al público de 10.00 a 18.00 horas. «Por la tarde vienen personas a leer libros refugiadas en la sombra de los árboles», cuenta Álex Puig, director del hotel, que dispone de una máquina de cafés y de bebidas pero no de servicio de bar. 

Leer bajo los árboles

Por seguridad, de noche se cierran las escaleras de acceso a quienes no se alojan en el establecimiento ubicado en una finca que, desde 1872, ha estado destinada al servicio hotelero, cuando la familia Martí adquirió el inmueble para convertirlo en la fonda La Sucursal del Universo.

Los propietarios del hotel encargaron en el 2008 al estudio de arquitectos Garcés-De Seta-Bonet la rehabilitación de la finca vecina, la del 12 de la Boqueria. Jordi Garcés encargó entonces a la empresa Veclus la investigación histórica del inmueble que llega hasta la calle de Quintana, donde abrieron un ventanal en el muro para que los transeúntes puedan contemplar el jardín.

En este estudio se descubre que una de las singularidades de la finca y la razón por la que está catalogada como Bé Cultural d¿Interès Local (BCIL) es que su fachada es una obra primeriza de Josep Puig i Cadafalch, el arquitecto de la Casa Macaya, de la Casa Amatller y de las Quatre Columnes de Montjuïc. Francesc Martí i Puig heredó en 1894 los bienes de su hermano mayor, que murió sin descendencia. Un año más tarde, el nuevo propietario pidió a Puig i Cadafalch que le construyera una casa en un solar donde se había alzado el convento de Montsió, que da nombre a la calle. En 1835, la comunidad se vio obligada a abandonarlo, mientras era ocupado por el Liceo Filarmónico-Dramático Barcelonés. Las monjas pudieron recuperarlo en 1845, ya en un estado lamentable. En 1869 los militares volvieron a ocupar la abadía, y las religiosas se refugiaron en el monasterio de los Àngels. Al final cuando en 1875 lo pudieron volver a recuperar decidieron venderlo. Veinte años más tarde, Puig i Cadafalch construyó la Casa Martí, el edificio neogótico que alberga Els Quatre Gats, que fue el enclave bohemio de la ciudad. 

Arcos originales 

El estudio de Veclus, sociedad especializada en la gestión del patrimonio histórico y arqueológico y en el asesoramiento para la rehabilitación arquitectónica, asegura que Francesc Martí quedó tan satisfecho del trabajo de Puig i Cadafalch, que le pidió que asumiera la reforma de la fachada y la remodelación de la fonda de la calle de Boqueria.

Actualmente no hay día en que no se vea un turista fotografiando la fachada o buscando los arcos originales que tras la reforma realizada por el estudio de Garcés se exhiben en la entrada del jardín. Veclus halló el proyecto y los planos de la remodelación que emprendió Puig i Cadafalch en el Arxiu Municipal Administratiu gracias a un cruce de datos de fuentes notariales. Martí pedía rehabilitar la puerta, que desde entonces luce un impresionante esgrafiado, reconstruir la cornisa y la barandilla del terrado y estucar la fachada.

Unas reformas emprendidas en la segunda mitad del siglo XX en la finca para crear el Gran Hotel Restaurant Europa se cargaron parte de la obra de Puig i Cadafalch. Ni el vestíbulo, ni el recibidor ni el suelo conservan sus trazos modernistas. No obstante, la rehabilitación más significativa la hizo el arquitecto Tomàs Estrada en 1962 por encargo del nuevo propietario del inmueble Josep Palou. En 1974, el hotel se sumergió en una etapa de decadencia que llevó al nuevo dueño, Francesc de Puig, a cerrar el establecimiento, que renació con el nombre de Pensión Dalí. Garcés destaca que el jardín ha sobrevivido a todos estos cambios. «Se plantaron estos árboles en busca de frescor y sombra». El arquitecto señala que el jardín está elevado, a la altura del principal, donde vivían los propietarios de la finca. «Un jardín muy conocido de las mismas características es el del Ateneu Barcelonès».

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