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BUCÓLICOS ANÓNIMOS

Unas rosas, un milagro

JOAN BARRIL

Ayer fue un día importante para que coincidieran en el mismo lugar agnósticos y fieles. Ayer era un día de santos. Una santa milagrera celebra el 22 de mayo su fiesta y la gente va a ver las imágenes y a reclamar la esperanza que los periódicos y los políticos no le dan. A un santo no se le puede ir a ver con las manos vacías. Al fin y al cabo un santo con atribuciones siempre está distraído y no se sabe si nos atenderá a nosotros o a algún otro peticionario enchufado. De ahí que la gente se acerque al santo con velas y con flores a la espera de que una mirada de agradecimiento de la imagen nos reconforte.

La santa de ayer era santa Rita, también conocida como santa Rita de Casia, una población en la provincia italiana de Perugia. Se trataba de una pobre mujer malcasada y probablemente maltratada por un marido que murió cabe suponer a consecuencia de sus frecuentes ataques de ira. El marido de Rita fue asesinado y sus hijos gemelos se disponían a la vendetta cuando santa Rita, en u acto heroico, pidió a Jesucristo que eliminara a sus hijos antes de que estos pecaran. Así fue: ambos enfermaron y murieron y santa Rita apareció de ponto en el interior del convento de las monjas agustinas sin que nadie le hubiera abierto la puerta. Teletransportada por san Agustín, Rita llegó a los 76 años de edad y fue canonizada como correspondía.

Ayer en la plaza de Sant Agustí, esa iglesia de fachada inacabada que se encuentra junto al teatro Romea, se montó la misma cola de todos los meses de mayo. A la una del mediodía las señoras que pretendían ir a ofrecer unas rosas rojas a Casia doblaban por la calle del Hospital y se introducían un buen trecho por la calle Junta de Comerç, también conocida como Mendizábal. Toda la plaza de Sant Agustí estaba llena de puestos de flores, rosas rojas en su mayoría. Me acerco a una de las devotas y le pregunto qué va a pedirle a la santa: «Pues que alguien se case conmigo». La verdad, con los antecedentes violentos del marido de Rita sorprende que haya gente que desee un señor de compañía. ¿Qué tendrá esa santa a la que se han atribuido tantos poderes, el más curioso el de ser patrona de los imposibles? Sin duda Rita consiguió hacer una verdadera metafísica de la realidad. Rita de Casia era la pieza que faltaba en la religión católica. Cuando Dios está mirando hacia otra parte y el Espíritu Santo es un concepto incomprensible, era necesaria la invención de alguien que admita que en la vida hay cosas imposibles.

La patrona de todo

Sin embargo ayer al mediodía nunca había lucido tan bonita la plaza de Sant Agustí. Por lo visto, en los primeros días de la defensa de Barcelona frente a los sublevados del 36 algunos exaltados intentaron incendiar la basílica de Sant Agustí. Pero los vecinos lo impidieron no por su alma católica sino por su vocación de bomberos. Un incendio en la iglesia habría devastado las casas contiguas y tal vez el Raval entero. Pero ahí se quedó santa Rita para recibir las ofrendas florales de la gente hasta el día de ayer y los años que vienen. Porque santa Rita, en tiempos difíciles, se ha convertido en la santa universal, el tres en uno de todos los santos supuestamente milagreros, la figura que más ofertas proporciona a la gente desesperada. Pasa un turista por la magnífica plaza y pregunta los motivos de tanta gente crédula y confiada. «Es santa Rita». «¿Y quién es santa Rita?» «Mire, con los tiempos que corren podemos decir que es la patrona de todo».

Temas: Rosas Religión

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