11 ago 2020

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A pie de calle

La 'farmacia' del barrio del Raval

Catalina Gayà

L legaron varias patrullas, dos aparcaron frente al edificio. Los del bar dejaron de estar pendientes del partido que al rato enfrentaría al Barça con París Saint Germain. Alguien dijo, en el bar: «Además, han robado». ¿Además? «Esto se ha convertido en la farmacia del barrio». El lunes pasado, a las 20.20 horas, el hombre al que «además le habían robado» llegaba al bar con una camiseta en la que se leía «100 por 100 Barrio Chino». ¿Nació en el barrio? «Vine a los 5 años, he vivido 17 años en este piso y me voy porque no puedo más. Como yo se van otros».

Empezaba así una historia de terror en un edificio en el que los cuerpos se rozan por la escalera si alguien viene de bajada y otro va de subida. «Hemos encontrado jeringuillas y papelinas. Aquí siempre ha habido de todo, pero hay quien sabe hacerlo y hay quien no. ¡Hacía 20 años que no pronunciaba la palabra jeringuilla!».

Estamos sentados en un bar, frente a su casa. La luz de la escalera se enciende hasta 20 veces. No es necesario llamar, rompieron el cristal de la puerta y solo hay que meter la mano. «Ya lo hemos arreglado, pero vuelve a estar roto».

«Todo empezó hace unos dos meses», dice el hombre. Explica que nueve personas ocuparon dos pisos. «Una cosa es ocupar porque lo necesitas y lo otro es esto. Hay familias que están ocupando pisos, pero no es lo mismo. Estos utilizan la ocupación para otra cosa».

Tras la patada en la puerta, al poco tiempo empezó el tráfico por la escalera y, al poco tiempo, se empezaron a ver jeringuillas y, al poco tiempo, hubo el primer robo. A él. Su hija se dejó la puerta abierta: había ido a jugar con un vecino y entraron. Desaparecieron móvil y cartera. La segunda vez que entraron a su casa fue peor. La ventana que da al patio interior se quedó abierta y solo tuvieron que dar un salto para llevarse todo: televisión, dinero, joyas -«más sentimentales que otra cosa» - cuerdas y hasta el pulsómetro con el que este hombre entrena para correr maratones. ¿Cuerdas? «Soy paleta».

«Había señales claras de que habían sido los que están en un piso. Fui corriendo y ya se estaban yendo. Esa misma tarde desaparecieron. Una mujer que vive en el otro piso ocupado gritó: 'Te han robado dos veces'. Me encendí». Esa tarde acabó a puñetazos y eso fue la gota que colmó el vaso. Por eso, llegaron las patrullas. Y, lo que reflexiona, le ha puesto en una encrucijada: habla o se va. Hay denuncia de por medio. «Nunca había tenido tanto miedo». ¿Se irá? «Sí. He decidido que me involucraré más en la asociación de vecinos. No me voy del barrio».

El hombre abre la puerta del edificio. Él, con llave. Dos chicos aceleran el paso para dejarle pasar, pero no dicen nada. El hombre dice que todos saben qué pasa, pero nadie habla. Hay silencio, mucho silencio.