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Recorrido por la obra barcelonesa de un gran artista

El legado de Joan Miró

Numerosos azulejos del mosaico 'Pla de l'Ós', en la Rambla, están rotos y descoloridos por el desgaste

El aeropuerto de El Prat recibe cada año cientos de peticiones para filmar y fotografiar su mural

CRISTINA SAVALL
BARCELONA

Las huellas de Joan Miró en Barcelona. Un paseo por ocho de los lugares relacionados con el artista en la ciudad, el año en que se cumplen 30 años de su muerte y 120 de su nacimiento. / MÒNICA TUDELA

Joan Miró (Barcelona, 1893-Palma de Mallorca, 1983) dejó escrito en 1971 que su donación para la capital catalana sería por tierra, mar y cielo: «Un mural en el aeropuerto para dar la bienvenida a la gente que llegue desde el aire, un monumento (que fue la escultura 'Dona i ocell') para recibir a quien venga por carretera, un mosaico en la Rambla, para las personas que entren por el mar, y la Fundació Joan Miró, como puerta abierta a un futuro de intercambio cultural».

Y así fue. Todo ello forma parte del legado de Miró a Barcelona, que ha puesto su nombre a una calle de la Vila Olímpica, al antiguo parque del Escorxador, a un polideportivo y a una biblioteca.

Este año, se cumplen el 20 de abril 120 años de su nacimiento y el 25 de diciembre, 30 de su fallecimiento. Su obra repartida por Barcelona es hoy un recorrido turístico que atrae a personas de todo el mundo fascinadas por un autor venerado en los grandes museos, entre ellos el Centro Pompidou de París, el Museo Hakone de Tokio y el Museo de Arte Moderno de Nueva York.

«No obstante, la colección más completa se encuentra en la Fundació Joan Miró, que abrió sus puertas en Montjuïc el 10 de junio de 1975. Sus orígenes están vinculados a la primera gran exposición de Miró en Barcelona, celebrada con enorme éxito en 1968 en el antiguo Hospital de la Santa Creu, sede de la Biblioteca de Catalunya. Aunque la primera vez que el pintor expuso en las desaparecidas galerías Dalmau de la calle Portaferrissa, en 1918, no vendió ni un cuadro. Es más, visitantes indignados rasgaron algunos lienzos.

SU AMIGO SERT // Es de visita obligada el edificio racionalista de la Fundació Joan Miró creado por el arquitecto Josep Lluís Sert, íntimo amigo del artista, y ampliado en 1988 por Jaume Freixa. Hoy resguarda más de 14.000 piezas de Miró: 217 pinturas, 178 esculturas, cuatro cerámicas, nueve textiles, la casi totalidad de su obra gráfica y cerca de 10.000 dibujos.

La terminal B del aeropuerto de El Prat, actualmente infrautilizada desde la puesta en marcha de la terminal 1, alberga desde 1970 su gran mural de cerámica, realizado en colaboración con Josep Llorens Artigas. Es difícil contemplarlo sin cámaras delante. AENA recibe cada año cientos de peticiones para filmarlo y fotografiarlo, la mayoría de medios japoneses.

En frente del Liceu, en la Rambla, emerge el colorido mosaico 'Pla de l'Os', restaurado por última vez en el 2007, aunque los azulejos rojizos y azulados ya están deteriorados, descoloridos y rotos por el desgaste de las miles de personas que los pisan cada día. Por su composición química, los blancos, amarillos y negros se conservan en mejor estado.

Otro enclave mironiano muy visitado por los turistas es la escultura 'Dona i ocell', revestida de fragmentos de cerámica rota ('trencadís'), realizada en 1982 y ubicada en el parque de Joan Miró, donde aún perdura la controversia por la instalación de un parque de bomberos.

También se concentran turistas con cámaras ante la casa donde nació Miró, en el pasaje del Crèdit, 4, adonde no se llega nunca si se siguen las indicaciones de Google, que te llevan a la calle Boqueria. Encontrarlo es tan sencillo como situarse en la plaza de Sant Jaume, seguir por la calle de Ferran y girar a la izquierda en la primera callejuela peatonal.

En la plaza de Sant Jaume, los domingos por la mañana, se puede visitar en el patio del consistorio la escultura 'Dona', que el pintor regaló en 1982 al ayuntamiento. El Museu de Ceràmica, pendiente de su traslado a la plaza de las Glòries, cuenta con la colección de 20 piezas que Miró también donó a la ciudad.

En la plaza de Rubén Darío, los niños de escuelas de Sant Andreu crearon en 1994 un mosaico en honor a Miró. Ya no existe Orotava, restaurante de la calle de Consell de Cent que cerró en el 2004, y que después subastó la obra regalada por el artista que, aunque murió en Mallorca, está enterrado en Montjuïc, ante el mar.