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CULTURA POPULAR

El 'Polònia' del siglo XIX

CRISTINA SAVALL
BARCELONA

Esta exposición es el Polònia del siglo XIX», dice Pilar Vélez, en referencia al popular programa de sátira política de TV-3, sobre La Barcelona irreverent, título de la muestra de la que es comisaria, junto a Jordi Pablo, en el Museu Frederic Marès (MFM), institución que ella misma dirigió hasta septiembre.

La Barcelona irreverent es una pequeña degustación del jugoso material de archivo que custodia el museo de dos entidades recreativas, con gran sentido del humor y muy influyentes en la Barcelona de finales del siglo XIX y de principios del XX: la Societat del Born y El Niu Guerrer, que se llamaba así porque sus afiliados acudían con armaduras a los actos sociales.

Parte del legado es una cesión de la familia Pallejà, como los planos del proyecto para urbanizar la plaza de Catalunya que este organismo expuso en 1903 en su sede social. Querían construir una torre monumental, triangular y de cristal dedicada a los oficios. «La planta baja, la más espaciosa, estaba destinada a los políticos, ya que todos lo querían ser, y la más alta, para el trabajo más selecto, el de los basureros», cuenta Pablo.

El objetivo de La Barcelona irreverent es explicar que a mediados del siglo XIX la parodia tenía una singular difusión a través de aucas, reuniones gastronómicas, grabados, desfiles de carnaval, certámenes literarios humorísticos y exposiciones. La Societat del Born era de la Barceloneta, donde organizaba sus famosas fiestas de carnaval.

Detrás de estas sociedades se encontraban intelectuales como Rossend Arús, Conrad Roure, Frederic Soler, Santiago Rusiñol y Pompeu Gener. «Pero la capacidad colectiva era mucho más poderosa que unos nombres concretos. Eran irreverentes no solo con el poder político, lo eran contra cualquier orden establecido», considera Pablo.

LA VISITA DE PAMUK// Josep Maria Trullén, el nuevo director del MFM, recordó un párrafo de El museo de la inocencia, la novela de Orhan Pamuk, para reivindicar que su principal objetivo es que este privilegiado lugar de Barcelona sea conocido internacionalmente. Y leyó: «Lo que me enseñó mejor qué podría hacer del legado de Füsun fue el conmovedor Museu Frederic Marès de Barcelona, el piso superior del cual estaba lleno de hebillas de cinturón, pendientes, naipes, llaves, abanicos, frascos de perfume, pañuelos, broches, collares, bolsos y brazaletes», escribe Pamuk en la novela en la que el protagonista recopila objetos cotidianos que ahora alberga un centro cultural real cercano a la plaza Takzim de Estambul. «Ese museo turco está inspirado en el nuestro. Eso se debe saber», señala Trullén.

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