A pie de calle

Trabajar entre iguales

Un cartel donde se anuncia que un local se alquila como espacio de ’co-working’, el martes, en Gràcia.

Un cartel donde se anuncia que un local se alquila como espacio de ’co-working’, el martes, en Gràcia. / MARIA PUJOL

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CATALINA GAYÀ

La palabraco-workingya se escucha en cafeterías, tertulias y hasta en la calle.Significa trabajar en comunidad y se calcula que en Barcelona hay unos 50 espacios deco-working. Elco-workingno es nuevo en esta ciudad. A principios de los noventa, en el Poblenou, ya aparecieron fábricas ocupadas, o alquiladas, en las que se juntaban arquitectos, fotógrafos, artistas y escritores.

La mayoría de esos espacios cayeron víctimas de las piquetas y los que aguantan, como La Escocesa, lo hacen en un paisaje apocalíptico que incluye fábricas quemadas. Algunos de los que se formaron en esas fábricas han emigrado a Marsella, Berlín, Caracas o Ciudad de México.

En plena crisis, elco-workingse ha trasladado a los pisos del Eixample o a los bajos de Gràcia o del Poblesec, y se ha convertido en un fenómeno social anticrisis que, en parte, revoluciona las viejas estructuras de trabajo y que apuesta por lo que se conoce comoCo Culturao trabajo horizontal. El primer espacio deco-working que conocí en Barcelona fue el de La Col, en Sants, cuando por andar tras los pasos de los emprendedores encontré aCarles Baiges. La Col nació como un local alquilado a un precio asequible, en el que una docena de jóvenes arquitectos acudía para desarrollar sus proyectos de final de carrera, y se ha acabado convirtiendo en un espacio en el que arquitectura y la transformación social van de la mano, y en el que los arquitectos colaboran y firman como colectivo.

Ahora que en Barcelona florecen los emprendedores, yo busco un lugar en la ciudad que los acoja. Casi todos los que he entrevistado citan aMichel Bauwenscomo uno de sus referentes y nombran un espacio, el MOB, como un lugar de trabajo.Michel Bauwenses filósofo, fundador de la Foundation for Peer-to-Peer Alternatives y teoriza sobre el trabajo entre iguales como una nueva lógica que puede cambiar las formas de organización y producción social. El MOB es un espacio deco-working.

Ayer busqué el MOB (que son las siglas en inglés de Makers of Barcelona, que podría traducirse como Los que hacen de Barcelona) y en la puerta me topé conAlbert Cañigueralque, en meses, se ha convertido en el referente sobre economía colaborativa de la ciudad. Tenía una cámara enfrente, por lo que intuí que lo estaban entrevistando.

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La creadora del MOB esCecilia Tham,que llegó a Barcelona hace una década y, en el 2011, abrió este local en el que se juntan casi a diario 80 personas que se dedican al diseño, laemprendeduríao la innovación.Ceciliaestudió arquitectura en la Universidad de Harvard y vino a Barcelona para estudiar «las Rondas». Encontró un vació: la falta de espacios comunitarios en los que intercambiar ideas, crear comunidad o poner en marcha proyectos. Algo cotidiano en Harvard. Ayer me lo explicaba sentada en un sofá mientras entraba y salía gente, y otros estaban sentados en grandes mesas.

Decía que en Madrid losco-workingsfuncionan y la ciudad los reconoce como espacios de creación. «Barcelona no puede perder esta oportunidad», reflexionaba. H