EL ROMPECABEZAS DE LA PREHISTORIA

Can Sadurní: mística y farra neolíticas

Un equipo arqueológico localiza en la cueva de Can Sadurní, que ya despuntaba como la primera cervecería de Europa, la figura humana de cerámica más antigua de la península

L’Encantat de Begues, un hallazgo de 2012 con 6.500 años de antigüedad.

L’Encantat de Begues, un hallazgo de 2012 con 6.500 años de antigüedad. / Nuria puentes (Nuria Puentes)

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Carles Cols
Carles Cols

Periodista

Especialista en Barcelona, en sus cuatro dimensiones periodísticas, las tres físicas, a lo largo, ancho y alto, y la cuarta, la temporal. Vamos, una gran macedonia de temas.

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El hombre neolítico tenía sus momentos para el misticismo (¿de dónde venimos?, ¿a dónde vamos?, ¿quién nos aguarda en el más allá?) y sus momentos para la farra y el fandango. La cueva de Can Sadurní de Begueses la prueba del nueve de que esas dos caras de la misma moneda de la vida ya habían sido acuñadas hace milenios. El equipo arqueológico que desde hace 35 años trabaja en ese recóndito yacimiento de la edad de piedra del Baix Llobregat encontró el pasado mes de julio una pequeña figurilla humana que por su edad, unos 6.500 años, es la más antigua de la península Ibérica en su especie. Es muy sencillita, pero tiene su mística. Ese mismo yacimiento ya deparó en el 2004 otra feliz sorpresa. Se certificó que hace 6.200 años allí se elaboraba ya cerveza. Can Sadurní es la cervecería más antigua de Europa. Pues eso, mística y mucha farra.

Manuel Edo, director del yacimiento, y Josep Maria Fullola, catedrático de prehistoria de la Universitat de Barcelona, presentaron ayer en público al Encantat de Begues, pues así ha sido bautizada en honor al sobrenombre de los habitantes de esa localidad esa minúscula estatuilla de apenas ocho centímetros de altura y de la que, de momento, solo han aparecido el tronco y un brazo.

Los tres meses transcurridos desde que apareció en la capa número 11 de las excavaciones de Can Sadurní han sido dedicados a examinar ese minúsculo tesoro. La primera conclusión es que se trata de una representación masculina. Eso ya le da un carácter excepcional al hallazgo. La mayoría de las piezas contemporáneas al Encantat de Begues son figuras femeninas, voluptuosas si han sido halladas al este del Mediterráneo y algo más burdas si son de tribus afincadas en el centro del continente.

El ídolo de Begues tiene otra característica que le hace especial. A la altura de los hombros, la figurilla tiene unas perforaciones que se supone que se utilizaban para llevarlo colgado del cuello o, tal vez, exhibirlo en una suerte de primitivo altar. Por la disposición de esa perforaciones, al Encantat de Begues solo se le conoce un primo lejano en la actual Rumanía.

La figura no tiene cabeza. Puede que aparezca algún día. Edo y Fullola sostienen, sin embargo, que la testa no se rompió como sí sucedió con las piernas y el brazo izquierdo, sino que puede que esta fuera un elemento premeditadamente extraíble, tal vez incluso de madera.

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De la estatuilla se sabe más, como por ejemplo que parecía ir vestida, pero lo fundamental de ella es que certifica que hace 6.500 años en Can Sadurní se había asentado una sociedad que había dejado atrás la simple subsistencia y que iba camino de una incipiente sofisticación. En la cueva han sido halladas con anterioridad herramientas procedentes de tribus lejanas, del sur de Francia, por ejemplo, prueba inequívoca de que allí se practicaba ya el intercambio de excedentes y manufacturas. Los primitivos vecinos de Can Sadurní fueron tal vez los primeros en explotar las minas de variscita de Gavà, un mineral con el que se confeccionaban en la prehistoria joyas y abalorios y que tenían una muy buena salida comercial. Quién sabe si aquellos negocios se cerraban con una cogorza cervecera.

De Can Sadurní se supone que procedían los hombres neolíticos que bastantes centurias más tarde se instalaron junto a las minas de variscita de Gavà, en Can Tintoré. Allí precisamente fue descubierta hace 18 años otra joya arqueológica, la llamada Venus de Gava, en realidad los restos fragmentados de una pieza cerámica de unos 4.000 años de antigüedad que parece representar a una mujer embarazada. Se exhibe con toda la pompa que se merece en el museo de la ciudad. El destino del Encantat de Begues, por el contrario, está aún por decidir.