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COLECCIONISMO

Recuerdos del siglo XIX

CRISTINA SAVALL
BARCELONA

Cajas de cerillas, recipientes de rapé, pipas, picaportes, cerrojos, llaves, bisagras, floreros, soldaditos de plomo, abanicos, joyas (en especial portarramilletes), fotografías antiguas, relojes, estampas del juego de la oca, teatros de papel y otros recortables, indumentaria, pilas de agua bendita y numerosas piezas relacionadas con el monasterio de Montserrat, desde pinturas, joyas, esculturas y grabados, hasta rosarios, medallas y estampas. Estos peculiares objetos son algunos de los tesoros -la mayoría del siglo XIX-, que resguarda el Museu Frederic Marès (MFM).

Las 17 salas llenas de curiosas colecciones reunidas por su fundador, el escultor Frederic Marès Deulovol (Portbou 1893-Barcelona 1991), forman parte del patrimonio artístico de Barcelona desde 1948, cuando se inauguró este centro artístico en el Gòtic. Exactamente, sobre lo que había sido el Palacio Real Mayor, sede de los Condes de Barcelona y reyes de la Corona catalano-aragonesa en la época medieval.

Tras una profunda restructuración arquitectónica que lo mantuvo dormido dos años, el espacio volvió a abrir sus puertas en el 2011. Desde finales de septiembre, el historiador de arte Josep Maria Trullén Thomas dirige este museo al que se accede cruzando un precioso patio de naranjos abierto al público.

Marès compaginó su vocación de escultor con la afición al coleccionismo, heredada de su padre, que le llevó a crear el museo sentimental, como lo llamó él cuando empezó a acumular centenares de objetos cotidianos y entrañables que proponen un interesante viaje hacia las costumbres del pasado. En especial, la sala dedicada a la fotografía que esconde una importante muestra del siglo XIX. Son significativas, las numerosas vistas de Barcelona que se exhiben en blanco y negro. Un legado que podría ir a alimentar el fondo del futuro museo de la fotografía, un tema pendiente en el patrimonio barcelonés.

El MFM ha respetado la distribución de objetos, las denominaciones originales y la atmósfera marcada por Marès, quien donó colecciones a varios museos catalanes, como su recopilación de armas al Museo Militar de Montjuïc, que curiosamente tras su cierre en el 2009, se exhiben en las vitrinas del MFM. También regaló a la Biblioteca de Catalunya manuscritos, pergaminos, encuadernaciones artísticas y 101 incunables.

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