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El Prat ha superado sin estrés su semana punta de verano pese a tener el 8% más de plazas ofertadas

La crisis no frena el auge viajero, que desde BCN suma ya 192 destinos, con Vueling como primera compañía

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PATRICIA CASTÁN
BARCELONA

Debe de ser, sin duda, uno de los lugares que más emociones enfrentadas genera a sus usuarios. De la emoción a flor de piel al emprender un viaje soñado (sean unas modestas vacaciones esperadas todo el año o una gran aventura intercontinental) a la irritación que acompaña a la liturgia del vuelo (en forma de vejatorios controles de seguridad, pesadísimas esperas o turbulencias en pleno cielo). Pero el hecho es que los aeropuertos son ya un lugar común en la rutina de casi todos los mortales y el de El Prat, pese a la crisis, cerró su mejor año en el 2011 con 34,4 millones de pasajeros. Y este año sigue creciendo, superada ya la semana punta del verano con 1,2 millones. Tras las escenas de colas, las maletas arriba y abajo, y el relumbrón de la nueva T-1, se esconden ya 192 rutas que conectan a Barcelona con el mundo y propician a la vez el imparable crecimiento del turismo en la capital catalana.

Ayer quedó vista para sentencia la semana punta del trasiego estival. «Con plena normalidad y sin apenas incidencias», según cuentan fuentes de AENA. Aunque como pasajero sienta que el aeródromo local es un hormiguero funcionando al 100%, la realidad es que su momento más crítico suele ser el lunes de Pascua, con más concentración de pasajeros que la que se pueda producir en agosto, con las salidas y entradas mucho más repartidas. Y sus dos terminales aún tienen recorrido. Aun con todo, estos días El Prat ha registrado unos 150.000 pasajeros diarios, arriba y abajo, con la friolera de 947 operaciones el pasado viernes. ¿Dónde va y de dónde viene tanta gente?

Por destinos, a nivel español Madrid y Baleares (en verano) comparten el podio de honor. En Europa las grandes capitales pegan fuerte, con París, Roma, Ámsterdam, Londres y Lisboa en lo alto, y la presencia creciente de Moscú. Intercontinentalmente, Nueva York es ahora el destino rey con tres vuelos diarios y un enorme éxito de usuarios.

Sin embargo, estos top son solo la punta del iceberg de las 192 conexiones desde Barcelona. Una cifra que para muchos sabe a poco, a la espera de más vuelos directos, en especial a Asia y Suramérica, que puedan convertir de verdad a la capital catalana en un hub del sur de Europa. En AENA replican que la ciudad está «muy bien conectada» gracias a una enorme oferta de vuelos a ciudades desde las que se enlaza con todo el mundo. Y citan las más de 30 salidas diarias a París, las más de 40 a Londres y la treintena de vuelos directos a otros continentes (incluidos tres chárteres de verano), donde además de EEUU (Nueva York, Miami, Filadelfia), triunfan Singapur, Tel-Aviv, Dubái y, cada vez más, Sao Paulo.

Mucho menos conocidas son las rutas regulares que nos llevan incluso a Belfast, Bergen, Bristol, Cardiff, Cork, Donetsk, Gdansk, Katowice, Kiev, Ljubjana, Malmoe, Minsk, Nantes, Olbia, Palese-Bari, Riga, Rostov, Samara, Split, Thira, Timisoara, Tirgu-Mures, Toulouse, Ufa, Vilnius, Yerevan-Zvartnots...

Compañías en el podio

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¿Quién reina en El Prat? Un vistazo a los mostradores del aeropuerto se adelanta a cualquier estadística. La caída de Spanair ha dado alas a sus competidores, con Vueling a la cabeza. La aerolínea, de las llamadas de nueva generación (a medio camino entre las convencionales y la gama alta del low cost), suma en los seis primeros meses del año la friolera de 4.721.862 pasajeros, seguida de lejos por Ryanair (con la mitad) y Easyjet (ver gráfico). Esta hegemonía le ha permitido ganar 26 nuevas rutas desde Barcelona este verano, y arrasar en los viajes a Baleares (1,7 millones de viajeros). Y también ganar pastel de mercado pese al descenso general en España (donde se impone el low cost) de vuelos nacionales.

Fuentes de la aerolínea destacan el rápido éxito que están teniendo nuevos destinos como Múnich y Copenhague, entre otras propuestas que han multiplicado las vacaciones de barceloneses en Alemania y los países nórdicos, y a la inversa. Algo que se repite con Croacia.