reordenación vial del entorno del templo de gaudí

La Diagonal hereda el conflicto de los autocares de la Sagrada Família

Las restricciones de tráfico generan una marea humana en la acera de Marina hacia el párking

El ayuntamiento califica de «éxito» la medida y las agencias de viajes auguran pérdidas millonarias

Barcelona empieza a aplicar el veto a los autobuses en la zona de la Sagrada Família. / MÒNICA TUDELA Foto: FERRAN NADEU

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CARLOS MÁRQUEZ DANIEL
BARCELONA

Los turistas no entendían el trajín de cámaras de televisión y policía por todas partes. En su primera visita a la Sagrada Família, el hecho de que el autocar les dejara a 500 metros de la obra de Gaudí les parecía normal. Casi ni eso. Lo cierto es que no se detenían a reflexionar sobre si lo andado era mucho o poco. Cuando se les hacía ver que el día anterior podían haber hecho las fotos desde la escalera del bus, a los pies de la basílica, entonces gesticulaban algo más; sin atisbo de enfado. El estreno de la restricción de tráfico en el entorno del templo demostró ser una polémica local: el ayuntamiento quería pacificar la zona para favorecer a los vecinos y los promotores turísticos divisan el apocalipsis alegando que se perderán muchas excursiones por culpa del largo paseo hasta las zonas de estacionamiento autorizado.

Sirvió también para comprobar que la teoría del caos, esa que habla del aleteo de una mariposa que pude desencadenar el fin del mundo, puede tener su versión de bolsillo en nueve manzanas del Eixample. Los autocares ya no transitan dentro de los límites de Lepant, València, Rosselló y Sicília, pero sí lo hacen por los alrededores. Así las cosas, tal y como se pudo ver ayer, el problema no se ha esfumado, tan solo se ha trasladado a los cercanos dominios de la Diagonal, donde esa mariposa iniciará su cortejo para disgusto, o no, de los vecinos de la concurrida avenida.

COGER LA FILA BUENA / La marea humana de bermudas y sombreros bajaba y subía por Marina. No tanto, ni mucho menos, por Sardenya. Las terrazas de los bares y unas inoportunas obras a la altura de València generaban embudos que fusionaban grupos. Seguir el color del paraguas del guía era la única salida. Como el que en una discoteca se equivoca de hilera y acaba en la barra en vez del baño, eran muchos los que ayer perdían su pelotón. Lo encontraban porque todos iban al mismo lugar, pero quedó demostrado que por mucho que se señalice, si no se conoce, el Eixample es todo un laberinto.

A primera hora, el concejal del distrito, Gerard Ardanuy, compartía la «buena noticia de mejorar la visión del templo y el éxito de quitarle presión de tráfico a la Sagrada Família». Exhibía lucidez al afirmar que el turista «no puede comparar con la situación anterior mientras que el vecino sí puede», y repetía una y otra vez que el ayuntamiento «tendrá que ver» cómo funciona esto o aquello antes de plantear modificaciones. Sobre el malestar de los promotores turísticos, auguró que acabarán por darse cuenta de que la medida «también es positiva para ellos».

DISCRIMINACIÓN / Con un enfado monumental pero todavía sin pintura de guerra en el rostro, los profesionales del turismo de la ciudad lamentaban ayer que el consistorio no haya escuchado «ni una sola de sus reivindicaciones», y denunciaban la «discriminación» que han sufrido frente al resto de vehículos, sobre todo, autobuses turísticos que sí pueden acceder a la zona cero. Con la prudencia que exige el cargo, Martí Sarrate, portavoz de la Plataforma por la Movilidad de Autocares, deslizó dudas sobre el hecho de que el Bus Turístic municipal sí pueda merodear por la Sagrada Família, «generando colas en la calle de Sicília», y recordó que la cancelación de visitas de cruceristas podría costarle a la ciudad 5,7 millones de euros. José Luis Cabello, guía turístico con 40 años de carrera, habló de «vergüenza» e invitó al alcalde Xavier Trias a calcular la media de edad de sus clientes. «Muchos tienen más de 70 años y no pueden andar», detalló. «Aquí los guiris son séniors, no mochileros», apostilló Gaspar, vecino del barrio.

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La nueva ruta a pie también generará ventanas para carteristas. Demasiados puntos flacos, demasiada confusión en los pasos de peatones como para no temer por la presencia de los rufianes que antes solo olfateaban la primera línea de la basílica.

En el primer test hubo normalidad, policía, guías cabreados, mucha prensa, conductores despistados. Hoy apenas habrá presión mediática, solo turistas que, con el paso de las semanas, y sin querer, otorgarán o quitarán la razón.