Ir a contenido

a pie de calle

Ciudad nerviosa y desmemoriada

Catalina Gayà

Hay plazas, calles o vías que, por estar en la sombra de un monumento, un mercado o un estadio, dejan de existir en el imaginario popular. En la cabeza colectiva se integran a la obra de la que, en realidad, son solo vecinos. Ayer Barcelona vivía otro día ajetreado de protestas. La huelga de los Ferrocarrils Catalans tiñó de muy mal humor el centro. Estallaban petardos, había silbidos y una marabunta de trabajadores con rostro grave salía del subsuelo murmurando quejas (en el mejor de los casos), despistada y buscando alternativas de transporte. «La huelga es un derecho, pero también lo son los servicios mínimos», resumía una señora que bajaba por la Rambla taconeando apresurada.

Por eso, cuando esta cronista se presentó frente al mercado de Sant Josep, dijo que era periodista y preguntó si alguien conocía a Ramon Cabau, a todo el mundo le pareció que era una pregunta «boba», teniendo en cuenta la que estaba cayendo unos pasos más arriba. Algunos placeros ni se molestaron en responder. Alguno dijo que los trenes estaban en la plaza de Catalunya.

Ellos, sin saberlo, estaban parados en el trozo de Barcelona, justo el que está en la entrada del mercado de la Boqueria, que lleva ese nombre: Ramon Cabau.

Cada día circulan centenares de personas por el paso de Ramon Cabau. La crónica de ese paso se acabaría aquí y se dirigiría al norte, hacia otro lugar eclipsado. Quizá añadiría que era temprano y que el mercado aún no se había transformado en el mostrador para turistas que es cada día a partir de las 10.30 horas.

Próximo lugar eclipsado: la plaza de Gaudí. Ahí la sombra de la Sagrada Família se alarga hasta tapar al maestro. Otro: la plaza de la Rosa dels Vents que, pese a tener un nombre precioso, es conocida como la plaza del hotel Vela. Y, para más inri, el hotel tampoco se llama así.

En la plaza de la Rosa del Vents, esta cronista explicaría que este mirador se ha convertido en un nuevo destino de sobremesa dominical para las familias barcelonesas. Sí, lo han leído bien: de los locales, no de los turistas.

Pero el paso de Ramon Cabau aún da para unas líneas. Este paso que ocupa tan pocos metros de ciudad tiene una de las entradas más largas del nomenclátor de Barcelona: más de 10 líneas. La plaza de Gaudí, una solo y triste línea. La de la Rosa dels Vents, solo el nombre.

Ramon Cabau, se lee en el nomenclátor, nació en Lleida, en 1924. Hasta aquí información propia de un nomenclátor, pero luego quien lo escribió se explayó en la vida del hombre y hasta llegó a un desenlace propio de una novela negra. Cabau era abogado e ingeniero agrónomo. Titular de una farmacia en el barrio Gòtic, se casó con la hija del propietario del restaurante Agut. Discutió con su suegro por algo relacionado con el restaurante, vendió farmacia y propiedades y fundó el restaurante Agut Avinyó. Entre 1975 y 1980, fue uno de los locales más famosos de Barcelona.

El hombre, que también era terrateniente, suministraba legumbres y flores al mercado y acudía ahí cada día. El nomeclátor aquí se prepara para un desenlace misterioso: el 31 de marzo de 1987, Ramon Cabau fue al mercado, se paseó por las paradas y se despidió bebiendo un vaso de cianuro potásico.

Ayer, no se sabe si por el mal humor, por el calor o por el agobio propio de la Boqueria, no se acordaban de Ramon Cabau. La ciudad nerviosa también es desmemoriada.