10 abr 2020

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a pie de calle

Fotógrafos que nos llevan ahí

Edwin Winkels

Lo extraordinario es que ellos parecen no estar ahí. Retratan, reflejan la realidad en su entorno, muchas veces cruda, dura, peligrosa incluso. Ves saltando siete rebeldes libios de un cañón para refugiarse de las bombas que explotan a su alrededor, y ellos solo tienen ojos para algún lugar donde esconderse. Y los ves porque delante de ellos había alguien que disparó una cámara. ¿Qué hizo el fotógrafo en aquel momento? Echarse a correr también, seguramente, pero unos segundos después de los rebeldes, jugándose un poquito más la vida que ellos, sin estar ni siquiera luchando por la misma libertad. No quiso perder esa imagen, esa belleza entre la muerte, ese heroísmo entre cañonazos en medio de algún desierto inhóspito.

Igual que en esta instantánea, en prácticamente ninguna de todas las fotos nadie mira a la cámara. Como si el fotógrafo no estuviera, como si formara parte del paisaje, como si fuera un cactus, un vehículo, un granito de arena, pero tan importante para enseñar al mundo lo que estaba pasando en esa primavera árabe. Si no nos indignamos más por lo que está pasando en Siria es porque hay muy pocas imágenes de lo que está ocurriendo ahí.

Entrada de regalo

3 Yuri Kozorev es el fotógrafo de Moscú que realizó estas fotos que acabo de ver en el CCCB. Ganador del premio principal en el certamen Visa pour l'Image de Perpinyà con su serie que nos lleva de Yemen a Túnez, de Libia a Egipto. Hasta finales de mayo se pueden ver aquí, donde además te dan una entrada de regalo para ir a la Filmoteca o al Macba, un tipo de campaña de bienvenida al Raval desde los dos centros de exposiciones hacia esa nueva Filmoteca. Los primeros cambiaron profundamente el entorno de la plaza de los Àngels, un milagro que se espera también donde la Filmoteca, pero esa parte del Raval, cerca de Robadors, siempre ha sido más chunga, más sórdida que la parte alta del barrio.

Veo a Kozorev y admiro la valentía de esos fotoperiodistas que nos quieren enseñar siempre todo lo que pasa, sea donde sea. Y verlo como si estuviéramos ahí, sin que los retratados nos miren a la cara. Como en las fotos tras el tsunami de Japón, también presentes en el CCCB. Aunque los fotógrafos japoneses son más distantes, tiran más de teleobjetivos, desde helicópteros también. Apenas se acercan a las víctimas; cosa de su cultura, supongo.

Coincido ante sus imágenes con dos jóvenes turistas japoneses. «Bad memories», me dicen. Malos recuerdos. Y me pregunto por qué todas las explicaciones de las fotos están solo en catalán y castellano. A la hora que visito la exposición, hora de comer aquí, hay unas 20 personas, todas extranjeras. Todos me contestan en inglés, no entienden nuestros dos idiomas. Y si las fotos de la primavera árabe y Japón apenas necesitan textos, hablan sí, las otros dos series, de una mujer mutilada en Uganda y del mundo de los narcos en México, tienen mucha historia. ¿Por qué no explicársela a todos esos turistas?