29 oct 2020

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La movilidad urbana

Barcelona, una ciudad ideal para perderse

Un estudio del RACC aprueba las indicaciones pero aconseja mejoras urgentes en puntos estratégicos

La señalización desorienta al conductor por una falta de continuidad que puede causar accidentes

CARLOS MÁRQUEZ DANIEL
BARCELONA

en la Diagonal hay un cartel luminoso que regala un sabio consejo a los conductores. «Ver bien es seguridad. Revísate la vista». Se agradece la advertencia porque los ojos, por mucho que la publicidad le diera un coche a Ray Charles, son la principal herramienta para manejar un vehículo. Luego está todo lo demás. Y en ese cajón de sastre tiene un lugar privilegiado la señalización. La de Barcelona, la que indica por dónde ir en una ciudad de 100 kilómetros cuadrados, pasa la prueba del algodón, pero falla en lo más importante: la continuidad, esto es, no señalar lugares estratégicos en cambios de dirección o empezar a indicar demasiado cerca del destino.

El RACC presentó ayer un estudio que hace del sentido común y el hábito vial un dogma. Un ejemplo como paradigma del informe. La autopista A-7 cambió de nombre hace 10 años. No fue una modificación que rompiera esquemas, pues desde entonces se la conoce como AP-7, pero algunos carteles de la Diagonal, uno de ellos de tamaño industrial, siguen manteniendo la antigua nomenclatura. Parece un fallo menor, pero puede romper los planes de cualquier turista que vaya a las murallas de Tarragona. Sebastià Salvadó, el veterano presidente del automóvil club, lo resumió así: «La confusión en una señal genera un estado de angustia, y esto puede ser una causa de accidentes».

UN NOTABLE RELATIVO / En el cómputo global, la capital catalana logra 65 puntos sobre 100 posibles. Los adolescentes verán casi un notable, pero si se hiciera un símil con la selectividad, podría concluirse que se trata de un examen de Historia bien elaborado, pero con graves errores ortográficos que ponen en entredicho toda la sapiencia. El RACC ha dividido su tratado en cuatro parámetros -continuidad, comprensión, visibilidad y mantenimiento- y llega a la conclusión de que la señalización de Barcelona es «aceptable, aunque está obligada a mejorar como ciudad capital visitada cada día por miles de personas no residentes». Ahí tendría mucho que decir el ayuntamiento, puesto que si el turismo y las ferias son el futuro económico, valdría la pena detenerse en frases como que las «interrupciones repentinas de comunicación al usuario por falta de señales en lugares estratégicos hacen que la probabilidad de desorientarse -o sea, de perderse- sea elevada».

Los autores del documento realizaron 57 itinerarios a 17 destinos distintos, divididos por centros sanitarios, lugares de ocio, terminales de transporte y salidas de Barcelona. La puntuación más baja en materia de continuidad, el criterio más determinante, se la llevan los hospitales, con 33 preocupantes puntos sobre 100 que reflejan una «posibilidad de perderse muy elevada». Nombres cambiados, señales inexistentes hasta alcanzar las inmediaciones del centro o la nula indicación de aparcamientos son las principales asignaturas pendientes que ha heredado el equipo de Xavier Trias, representado, ayer, por el concejal Eduard Freixedes. El responsable municipal de Movilidad dijo que tomaba buena nota de un «trabajo muy valioso» que les marca el camino y se fijó como prioridad actuar en las indicaciones de los hospitales.

BUENA VISIBILIDAD / Menos trabajo tendrá el ayuntamiento en materia de visibilidad (82 puntos) y mantenimiento (80 puntos), aunque también tiene terreno por explorar, más allá de la insistida continuidad (41), en la comprensión de las señales, indicador que se queda en 66 puntos (ver detalles en el gráfico de la página 4).

Analizado el estudio, da la sensación de que el consistorio ha dado demasiadas cosas por sabidas, quizás sin tener en cuenta esos más de siete millones de turistas que cada año visitan la ciudad y que no tienen ni idea de dónde está la plaza de Catalunya, el Clínic o el Fòrum, donde por cierto, a pesar de ser una obra urbanística relativamente reciente, no hay placa alguna hasta alcanzar sus inmediaciones. Tampoco existe -el automóvil club lo recomienda- una tipología de símbolos que denoten la cercanía de un edificio de Gaudí, así como una señalización adecuada para llegar al museo más visitado de Catalunya, el del Barça, a cuyas instalaciones hay que desembocar más por intuición que por las indicaciones.

El RACC también recomienda al ayuntamiento un esfuerzo extra en la señalización de los aparcamientos como medida para lograr una movilidad más sostenible. Freixedes, que en ningún momento cargó las culpas en los 32 años de consistorios socialistas, recogió el guante y puso un ejemplo práctico: «Si los conductores que vienen del Maresme se encontraran bien indicado el aparcamiento del Fòrum, que está casi vacío, quizás algunos de ellos se pensarían dejar el coche ahí para moverse en transporte público».

ENCUESTA PENDIENTE / El automóvil club también ha efectuado una encuesta a 574 usuarios locales, un 22% de los cuales suspenden la señalización de Barcelona, mientras que el resto le ponen una nota por encima del cinco. El test definitivo, sin embargo, será el que se haga algún día a 574 extranjeros, los verdaderos neófitos de la materia y los que, de alguna manera, demostrarán que esos hábitos adquiridos, ese conducir de memoria, se complica cuando nunca has pisado el terreno.

En su alocución, Salvadó puso como ejemplo Holanda. Sonó algo lejano. Finalizada la rueda de prensa, el personal de la casa ayudó a leer entre líneas: en los Países Bajos el automóvil club holandés es quien audita y aprueba las señales de orientación. Aquí, por ahora, todo queda en manos de la política.

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