24 sep 2020

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a pie de calle

De las últimas barras en la calle

Edwin Winkels

Primero, es el susto. Llegar a la esquina de la calle de Hospital con Junta de Comerç y ver una de las dos persianas del Mendizábal bajada. Delante, dos vallas y material de obra. Y no de la obra de la colindante plaza de Gardunya, con sus entrañas al aire desde hace tiempo ya. No puede ser. ¿Otro histórico quiosco de bebidas que cierra? Aquella esquina seductora, donde siempre dan ganas de pararse, ponerse en esa barra de unos siete metros. O sentarse en una de sus mesitas en la coqueta plaza del Canonge Colom.

Los paletas rápidamente despejan la duda. Solo es una pequeña reforma. Esta semana, seguramente el miércoles, el quiosco Mendizábal vuelve a abrir. Tuvieron un problema con un desagüe, hubo que levantar el suelo y los dos socios Carles Beguería y Sergi Vila aprovechan el breve paréntesis para, justo antes del inicio de la verdadera temporada turística, acometer algunas pequeñas reformas más. Aunque mucho trabajo tampoco se puede hacer, en un local de entre dos y tres metros de ancho. No necesita el bar mucho más que ese encanto de un lugar tan concurrido, con las llamativas baldosas de colores en la pared. Los mismos colores que durante muchos años tuvieron las sillas de la terraza, pero las ordenanzas municipales hicieron de las terrazas de Barcelona unos lugares uniformes.

O sea, la foto de arriba engaña un poco. Con gente en la barra, la estampa de esta esquina es impagable, aunque no se vería el bonito grafito de Dalí en la persiana. Los viejos del lugar recuerdan cómo Ciutat Vella estaba antes plagada de este tipo de barras callejeras, pero con excepción de dos o tres más, prácticamente todas han desaparecido. Los microespacios parecen no tener lugar en una ciudad más moderna.

Aunque hay en los últimos meses un ligero regreso de este tipo de barras en la calle, consecuencia de la ley antitabaco. Los hosteleros van instalando barras delante de sus negocios, o abriendo ventanas, improvisando así nuevas maneras de consumir. O no nuevas, sino regresando al pasado. «El Mendizábal ya se abrió allá por los años 30 como horchatería», me explica Carles, que junto con Sergi se hizo cargo del negocio hace ocho años. Añade que es un lugar mixto, de bastante clientela fija pero también muchos turistas. «Hay muchos hoteles en la zona y un bar de este tipo les llama la atención a los turistas».

Cierre por sanción

3 La gran anécdota del Mendizábal -el nombre anterior de Junta de Comerç- es el cierre dictado hace casi tres años por el ayuntamiento tras constatar un inspector que había dos personas fumando porros en la terraza, algo que los dueños deberían haber evitado, según ellos. Y luego, encima, encontraron un canuto apagado en un cenicero. Segunda infracción, dos meses de cierre. No es el olor a maría algo muy extraño en estas calles, y un poco más arriba se trafica con sustancias más duras, así que la incomprensión por el cierre fue total. Pero ya olvidado.