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operación policial EN EL BARRIO DE SANT ANTONI

Detenidos 2 cerrajeros por sabotear puertas de tiendas

Dañaban las cerraduras para que los afectados les contrataran después

ANTONIO BAQUERO
BARCELONA

Una de las reglas del márketing establece que hay que ser capaz de crear en el cliente la necesidad de contratar tus servicios. Dos cerrajeros de la calle de Tamarit, en el barrio de Sant Antoni, fueron demasiado lejos en la aplicación de esa máxima. Los dos operarios fueron detenidos por los Mossos, que han hallado pruebas de que ambos se dedicaban a sabotear las cerraduras de los comercios del barrio para que, posteriormente, los dueños les contrataran para repararlas.

El sargento Ignasi Hortelano, jefe del grupo de delitos contra el patrimonio de la unidad de investigación de los Mossos del Eixample, explicó cómo «se encontraron grabaciones de las cámaras de seguridad de esas tiendas en que los dos cerrajeros aparecen manipulando las cerraduras, que al día siguiente aparecían bloqueadas con silicona».

EN CUATRO MANZANAS / «Actuaban en tiendas cercanas a su cerrajería, para que el cliente acudiera a ellos. Si iban más lejos, se arriesgaban a que el afectado fuera a otro cerrajero», contó el sargento. Una vez tuvieron claro el modus operandi, los Mossos empezaron a revisar denuncias anteriores por sabotajes en cerraduras en tiendas en la zona y encontraron 40 en 24 tiendas. Muchas fueron saboteadas varias veces. «Intentaban fidelizar a los clientes», contó Puig, quien explicó que hacían descuentos en las reparaciones de los daños que habían provocado y que, en las facturas, incluían la leyenda: «Gracias por confiar en nosotros».

Los dueños de los negocios del barrio respiran tranquilos ante el fin de la plaga de cerraduras dañadas. Marc Vidal, de la tienda Taula i Cuina, sufrió dos veces esos sabotajes. «Llegabas por la mañana y o tenías silicona en la cerradura o habían metido cola dentro para que cuando metieras la llave esta se pegara y, al intentar abrir, se rompiera», explicó. Añadió que, al margen de las dos minutas, una de 255 y otra de 522 euros, estaba el perjuicio por el rato que la tienda estaba sin abrir. «La segunda vez no pude abrir el negocio hasta las ocho de la tarde», dijo.

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