03 jun 2020

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a pie de calle

El fútbol es cosa de barrios

Edwin Winkels

El club recoge firmas para pedir la readjudicación del concurso, arropado por los vecinos del barrio de Porta, en Nou Barris (Barcelona). / NEUS MÀRMOL

Esta es la pequeña historia del campo de fútbol del barrio de Porta, un núcleo de Nou Barris entre los paseos de Valldaura, Verdun y Fabra i Puig, y la Meridiana. Un barrio entre la antigüedad de la masía de Can Verdaguer y la modernidad de Heron City. Ahí, en Can Dragó, nació el campo de fútbol, fruto de la fiebre olímpica de 1992. Y ahí juega desde entonces el modesto club Alzamora CF, 24 equipos de fútbol base con 330 chicos, que antes, desde su fundación en 1948, había ocupado los viejos terrenos de Renfe para jugar.

Este fin de semana, como todos, el campo es escenario de numerosos partidos de fútbol de todas las edades, desde los 4 hasta los 19 años. Desde hace años, dice el presidente, Jesús Tejero, «nuestro principal objetivo es dar cobijo a los jóvenes deportistas formándoles como futbolistas y como personas».

Mañana hay una reunión en el barrio para unir a la gente -padres, vecinos- contra lo que en el Alzamora llaman el pucherazo: acaban de perder la gestión del campo, que es municipal. El año pasado, el ayuntamiento decidió ofrecer cada cuatro años sus campos mediante concurso al club con el mejor proyecto. «Para nuestra sorpresa no éramos los únicos que pugnábamos por nuestro campo», según Tejero. La sorpresa que se convirtió indignación cuando primero se les comunicaba que habían ganado el concurso y 24 horas después les dijeron lo contrario, «por un error de cálculo» del ayuntamiento.

Si el Alzamora da cobijo a 330 niños, la Fundación Marcet a tres millones en todo el mundo. O sea, la historia de David contra Goliat, pero al revés, con el pequeño perdiendo. Porque es esta fundación privada, con nombre del exjugador del Madrid y Espanyol Javier Marcet, ahora a sus 83 años presidente de la entidad, que ha ganado el concurso. Que no quiere decir que la adjudicación sea oficial, dice José Ignacio Marcet, el hijo y director de la fundación.

En la ciudad deportiva de Marcet, en Vall d'Hebron, 35.000 metros cuadrados con 10 campos y 42 vestuarios, quieren expander su proyecto de formación de jóvenes futbolistas al resto de Barcelona y no entienden la indignación de Porta. «Según el concurso, hay la obligación de establecer que el usuario preferente del campo seguirá siendo el Alzamora», dice Marcet. Pero pagando, claro, y tal vez con algunas horas menos de disponibilidad del campo.

El problema es que el fútbol es muy de barrios. Cerca de Porta, nadie puede imaginar el campo e Nou Barris sin la Montañesa, o el de Guineueta sin el club del mismo nombre. O, al otro extremo de la ciudad, La Magòria sin el Mercat Nou. O el Clot de la Mel sin el Martinenc, o el de la Verneda sin el Júpiter. De ahí el cabreo en el Alzamora, y en Porta. Y el intento desde la Marcet de apaciguar esa «alarma social», insistiendo que, de momento, nada es definitivo.