10 abr 2020

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a pie de calle

Perros y periodistas que no muerden

Edwin Winkels

Son 101 perros que reciben al alcalde en el jardín trastero del CCCB, solo uno de ellos dálmata. Bueno, en realidad son 18 perros, pero parecen muchos más, así todos sueltos, corriendo y jugando por la tierra, uno intentando montar a otra, y los dueños hablando entre ellos. Dueños que ven llegar al alcalde y no se apresuran a atar su perros, sino todo lo contrario: «¿Viene a ver qué pocos espacio tenemos para sacar a los perros?» dice uno, pero no creo que el alcalde le haya oído.

Además, esta tarde del martes Xavier Trias no responde a ciudadanos por la calle, sino a periodistas en una sala del nuevo edificio donde se alberga el teatro del CCCB, en la plaza de Joan Coromines, que es el nombre de esos jardines donde, a las siete de la tarde, los dueños de los perros deben ver en Trias una Cruella de Vil.

Los perros, sin embargo, son todos muy buenos, y dentro de la sala los periodistas tampoco muerden mucho. De hecho, en las cinco primeras filas nadie toma notas, hay mucha vieja gloria de la profesión mezclada con nerviosos funcionarios y agentes de seguridad cuya mirada convierte a cualquiera en sospechoso. Solo en la última fila hay 15 sillas con una pequeña mesilla plegable en la que se puede trabajar un poco. Detrás del alcalde, un gran cartel con la frase «La ciutat de les persones». De las 19 personas que salen en el cartel, 18 le dan la espalda.

Trias ha querido renovar el tradicional encuentro anual del alcalde de Barcelona con los periodistas, sacándolo de la sede del colegio profesional, y dándole el título El alcalde responde. Pero no sin ofrecer primero su largo monólogo: «Quería ser corto, pero escribiendo me salió un poco largo», admite, o avisa.

Y habla de todo, de casi todo lo que tiene una ciudad. Todo que, fácilmente, se puede ver en una horita en el entorno del CCCB, un microcosmos barcelonés. Habla Trias de mejorar la iluminación media hora después de que en la plaza de los Àngels se apagaran los 20 focos que la iluminan; todas las calles del entorno se quedan sin luz, pero el apagón solo dura ocho minutos. Habla Trias de explotación sexual y en la calle de Robadors la policía monta en el mismo momento una redada contra prostitutas y clientes. Habla Trias de seguridad, y delante del Macba se juntan dos patrullas de la Guardia Urbana. Habla Trias de pobreza y exclusión social, y en la sombra de la plaza veo a tres sintecho. Habla Trias de inmigración, y todos los escolares en la plaza son de origen asiático, pero entre ellos hablan castellano. Trias, claro, sabe qué hay en Barcelona.