13 ago 2020

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a pie de calle

Con los enfermos también se fue la vida

Edwin Winkels

Ahí siempre había vida. Era una calle bulliciosa, este tramo inicial de la avenida Mare de Déu de Montserrat. Una calle ancha, siempre con gente en las aceras, arriba y abajo. La decena de cafeterías llenas, las dos papelerías vendiendo de todo, padres, abuelos y niños llenando la plaza de Sanllehy, y, sobre todo, gente entrando y saliendo por las puerta de la clínica Quirón. El centro hospitalario daba mucha vida, algo de lo que apenas te das cuenta hasta que esa vida se extingue, y la calle queda muerta. «Con la clínica aquí, esta era una zona cara para vivir. De eso no queda nada», dice Albert de Aso, que lleva 52 años viviendo enfrente. En los coches hay un papelito donde se ofrece un piso, 95 metros, 4 habitaciones, 215.000 euros.

Son las seis de la tarde, y los bares están vacíos, si no han cerrado ya para siempre, como les ha pasado a las dos papelerías-quioscos. La antigua puerta de urgencias, cerrada por una valla, da ahora acceso a un hábitat de ratas, palomas, okupas y ladrones de cobre. Al lado de esa puerta hay aún el cartel de defunción: «El 14 de julio del 2007 abrimos el nuevo hospital Quirón. Plaza Alfonso Comín 5-7, salida 6 Ronda de Dalt. Esta clínica cerrará sus puertas ese mismo día». Y eso lo han sabido, los vecinos, los hosteleros, los comerciantes. Y como si para rematarlos se cerró y tapió la plaza de Sanllehy para iniciar una obra de nunca acabar, una parada de la L-9 del metro.

Muy desolado

3 Desde su bar Games, Manuel Gámez, en lugar de un muro bajito, una escalera y los árboles de la plaza, ve ahora una pared interminable; ya no ve nada de verde o de cielo azul. «Esto está muy desolado ahora. Antes, tenía aquí delante la parada del bus, ahora es más estrecho y no pasa nadie. Los bares están cerrando, nadie aguanta esto ya». En su ordenador, enseña el vídeo de las dos canciones que grabó para participar en Eurovisión; tiene tiempo de sobras.

Y el futuro no pinta mucho mejor. Desde que se anunció el traslado de la Quirón, en el 2003, estos terrenos han sido el objeto de un larga y lenta batalla de pleitos y recursos. Según las asociaciones de vecinos, cuya versión acaba de ser refrendada por el Tribunal Supremo, el ayuntamiento se inventó un «interés general» para pactar con la Quirón una permuta de terrenos. A cambio de unos solares en Collserola propiedad del grupo hospitalario, el consistorio le regaló una recalificación en Mare de Déu de Montserrat para poder construir ahí 12.000 metros cuadrados de pisos. Pero mientras los jueces iban fallando en contra de esta permuta, quebró encima la nueva propietaria del terreno, Habitat. Ahora, la ruina está en manos del Banco Santander, que pocas ganas tendrá de levantar ahí un edificio para equipamientos. El conserje del edificio de al lado ya nunca verá lo que harán ahí. Una noche se dejó las llaves dentro y pidió a los vigilantes -ahora ya sustituidos por un muro- si podía acceder por la abandonada Quirón. Tras abrir una puerta, ya no había suelo y cayó al vacío.