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noche de incivismo en el zoológico

La granja infantil del zoo de BCN sufre una incursión gamberra

Dos adolescentes se cuelan en el recinto y sacan a dos cabras de su pesebre

Un animal amaneció en un arbusto de la Ciutadella y el otro se ahogó en un estanque

CARLES COLS
BARCELONA

Ante la indiferente mirada de burros, cerdos, caballos y conejos, dos cabras de la granja infantil del zoo de Barcelona fueron víctimas la madrugada del domingo de una felonía. Una la pagó con su vida. Era jovencísima. No es que tuviera por delante una larga y plácida vida, pero le llegó la hora antes de lo previsto inicialmente por los responsables, por decirlo amablemente, de la dieta de los carnívoros del parque zoológico. La otra, una chavalina también, tuvo, según se mire, mucha mejor suerte. Se la dio primero por desaparecida, pero al cabo de un rato fue localizada, cómo no, encaramada en un arbusto del parque de la Ciutadella. Ha visto ya más mundo que el resto de sus compañeras de vallado, pero a costa de ser víctima de la acción de un par de gamberros que de noche se colaron en el zoo.

Los Mossos d'Esquadra tienen desde ayer un nuevo caso por investigar, pues a la dirección del centro recreativo y educativo no le quedó más remedio que poner una denuncia después de que a las 7.45 horas un empleado se encontrara dentro de la granja a un par de adolescentes que, tras ser descubiertos, huyeron a la carrera. Habían entrado, se supone, tras encaramarse a un árbol centenario de la Ciutadella intocable por su valor botánico, incluida una rama que directamente da acceso a la granja infantil del zoo. La valla en ese punto no es bajita. Son casi tres metros y medio. Lo fácil es entrar. Más difícil es, al parecer, salir con una cabra.

CADENA TRÓFICA / La cuestión es que tras la sorpresa inicial del empleado del zoo hubo que pasar lista. Faltaban dos cabras. En el caso de la primera era evidente. Su cuerpecito yacía ahogado en un pequeño estanque de la granja. Nada hace suponer de entrada que fuera víctima de algún maltrato cruel. Lo suyo era lidiar con las decenas de niños que cada día entran en el recinto vallado para tener un primer contacto con la vida salvaje, en ningún caso estaba entrenada para el chapoteo. Así le fue. La otra cabritilla, allá entre feliz y desorientada en su arbusto, tampoco parecía haber sido maltratada. Vuelve a estar ya con el resto de sus compañeras, ignorante sobre qué le deparará el destino. Mejor que no sepa que cuando crezca y deje de ser útil como animal de exhibición ocupará uno de los pisos menos nobles de la cadena trófica. Por debajo de ella están los vegetales. Por encima, carnívoros como los del zoo, que seguro que apreciarán como un manjar extraordinario esas piernas y ese costillar.

El Ayuntamiento de Barcelona no quiso quitarle importancia al incidente, pero sí subrayó que los gamberros lograron acceder solo a la zona de la granja. Una incursión así en el área de las bestias salvajes hubiera activado de inmediato las alarmas. También cuesta imaginar que alguien sea capaz de llevarse en volandas a la elefanta Susi.