06 ago 2020

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a pie de calle

El billete, sin por favor ni gracias

Edwin Winkels

Casi cada día subo al tren, uno de Rodalies, a veces vacío, otras llenísimo, casi siempre sentado, de vez en cuando de pie, siempre con algún músico o vendedor de pañuelos o, últimamente, una mujer que baila y canta All that Jazz!, a menudo el resto del tiempo con calma en el vagón -o con el iPod puesto-, aunque los viernes por la noche con los gritos enormes, en el último vagón, de un loco del pueblo con muletas (uno de Sitges, bastante inteligente, lee el periódico pero algún cable se le cruzó a lo largo de su vida). Bueno, en todos esos viajes, en los últimos 10 años, desde que Renfe decidió en el 2002 sacar a los revisores habituales de sus trenes de cercanías, nunca me habían controlado el billete. Nunca.

Hasta el pasado viernes. Podría haberlo sabido de antemano, porque ahora todo se anuncia a través de Twitter, en este caso los muy activos de R2, que es la plataforma digital donde se juntan los usuarios de la línea 2. «Revisores en la estación de Gavà #rod #redada Últmamente los veo mucho por aquí». Y de hecho, en Gavà suben los revisores, que nunca son recibidos con mucha alegría por los viajeros, y no solo por los que no tienen billete válido. Ya lo dice una palabra en el tuit: redada. Que es como ven un sencillo control.

Siempre van los interventores acompañados por agentes de seguridad. Porque siempre hay pasajeros que, además de no tener billete, no tienen educación. O peor. A ver, Renfe puso un caramelo muy grande y dulce a sus viajeros cuando, por un tema económico y logístico, prescindió hace 10 años de los revisores fijos en cada tren. El ser humano necesita cierto control, y la compañía confiaba en que las puertas de acceso, donde se valida el billete, harían de revisores automáticos.

Pero no. Ni había ni hay esas puertas en todas las estaciones -aunque se han reformado muchas ya- y sobre todo no hay en muchas estaciones el control de salida, cuando, como pasa en Sants, hay que volver a pasar el billete por un lector. Eso es para evitar, sobre todo, que los viajeros tengan una T-10 de solo una zona (que cuesta 9,25 euros) cuando viajan en realidad por 2 zonas (18,40), 3 zonas (25,05) o más.

En internet, por supuesto, también se puede consultar qué estaciones no tienen control de salida. Y dónde es más fácil colarse de entrada. Muy popular no es Renfe en la red; internautas hablan de precios de estafa, y de revisores chulos, y ese tipo de cosas. Y la verdad es que cuando, tras el control del viernes, el revisor me devuelve mi T-10 de 3 zonas, bien validada, soy yo quien le digo «gracias». Él, ni mú, ni el «billete por favor» de entrada. Pero tal vez no todos son iguales. O están hartos de nosotros, buenos y malos viajeros. Detrás de mí, una mujer saca hasta siete billetes; ninguno válido. Solo controlarle a ella les lleva 13 minutos. Y eso son 50 euros de multa, en teoría, desde que la Generalitat decidió reforzar el control, hace año y medio. Querían, decían, inspecciones del 2% de los viajes que se realizan cada año. Me ha costado, pero ya formo parte, como uno de los 110 millones de viajeros anuales, de ese dos por ciento.