03 jun 2020

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a pie de calle

Réplica de La Molina en la Zona Franca

Edwin Winkels

En Dubái hace estos días una agradable temperatura de unos 24 grados centígrados, que es la máxima más baja que se suele alcanzar en este emirato del jeque Mohamed bin Rashid al Maktoum. Desde marzo y abril ya estarán por encima de los 30 grados y en pleno verano es fácil alcanzar los 50 grados. Es cuando más extraño se siente el visitante que entra en el centro comercial Mall of Emirates -ya con un buen aire acondicionado- y traspasa, ahí dentro, las puertas de Ski Dubai: 6.000 toneladas de nieve en una estación de esquí con una pista de 400 metros. Y parece funcionar eso de ponerse anorak y guantes en el desierto, ya que en el vecino Abu Dabi quieren construir un resort cubierto en la montaña y en otro de los siete emiratos árabes, Ras Al-Jaima, incluso proyectan una estación al aire libre, pese a que ni en sus montañas de 1.900 metros de altura la temperatura jamás baja de 10 grados.

Pues si en el desierto se puede esquiar, y si hay pistas de esquí cubiertas en países sin montañas (Holanda) o en medio de ciudades como Manchester, Pekín, Auckland y Madrid, y se proyectan otras en Las Vegas o Baréin, ¿cómo Barcelona no va a tener su propia pista de esquí? Y más después del éxito de público de la pista de patinaje en la plaza de Catalunya, y en un invierno en el que el frío y la nieve no llegan al Pirineo.

Son unos empresarios holandeses -ayudados por un arquitecto compatriota, Sander Laudy del despacho de arquitectos B01 de Barcelona- que se quieren instalar con su frío y nieve, dos pistas de esquí y otras dos de patinaje, en un solar que, paradójicamente, otros holandeses abandonaron de mala manera. Ya pasaron siete años desde que Philips decidió desmantelar la histórica fábrica de Miniwatt en la Zona Franca, ya muy cerca de la Ronda Litoral, en un nudo viario que ya era complejo pero que desde hace tiempo es un caos total debido a las obras del nuevo metro. La resistencia de los trabajadores de Miniwatt fue heroica, pero en vano, al final, como la de sus compañeros de Lámparas Z, también propiedad de Philips.

El más grande del mundo

3 Pero estos son otros holandeses, los que ya han convencido al ayuntamiento de construir una pequeña réplica de La Molina en la Zona Franca, aunque el consorcio que controla la vasta zona industrial aún no lo ve claro; no sé si es por esa traumática herencia holandesa, pero parece que es porque no es el tipo de negocio que ven muy adecuado para esta zona. Snowworld, que es como se llaman, ya tiene el complejo de esquí cubierto más grande del mundo, con dos descensos de 500 metros en un pueblo de Holanda; en total, 36.000 metros cuadrados de nieve. Aquí piensan construir uno de 39.000 metros cuadrados. El doble que el de Madrid -para quienes les gustan este tipo de clásicos-, donde la pista de 250 metros de Snowzone en el centro comercial de Xanadú (en Arroyomolinos) ya funciona, y bien, desde 2003. Han tenido ya a 300.000 niños en su escuela de esquí, «chavales que pueden empezar a aprender a esquiar lejos de las montañas», según se promocionan.

Pero claro, parece una locura producir 365 días al año nieve fresca al borde del Mediterráneo. En Dubái necesitan 30 toneladas nuevas al día, y mantenerlo todo a 1 grado bajo cero. Eso cuesta energía, y mucha. Pero dicen los de Snowworld Barcelona que aquí serán más ecológicos, que aprovecharán el frío de una cercana planta de licuación de gas en el puerto y la energía de paneles solares. O sea, sol para hacer nieve. Al final, nos vamos a creer lo de ser sede de los Juegos de Invierno.