29 oct 2020

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EL USO INDEBIDO DE LA VÍA PÚBLICA

Los limpiacristales reaparecen en los semáforos de Barcelona

El consistorio ve la práctica esporádica y dice que se actúa cuando se detecta

El fenómeno, que tuvo su auge hace una década, es visible en cruces céntricos

ROSA MARI SANZ
BARCELONA

Varios cruces de la ciudad vuelven a estar frecuentados por limpiacristales desde hace unos meses, una práctica que poco después de que en enero del 2006 entrara en vigor la ordenanza que atajó con sanciones este tipo de mendicidad, si conllevaba coacciones o acoso a los conductores, se había convertido en residual. Y pese a que es fácil verlos en diversos puntos, el ayuntamiento, según subraya el teniente de Seguridad, Joaquim Forn, lo considera un fenómeno esporádico. En ese sentido, el concejal asegura que la Guardia Urbana ya actúa en los casos que detecta, principalmente en el Eixample, y desmiente que se trate de repunte de esta práctica.

No obstante, no es difícil verlos en algunos cruces intimidando, en la mayor parte de los casos, a los conductores. Como en el del paseo de Sant Joan con la Diagonal, lugar en el que actúan dos jóvenes rumanas que, conscientes de la prohibición de la práctica, desaparecen hábilmente en cuanto pasa una patrulla de la Guardia Urbana, para regresar poco después a la zona.

También es habitual ver a estos colectivos en otras zonas, como en las plazas de Francesc Macià y de las Glòries, en el cruce del paseo de Manuel Girona con la avenida de Pedralbes, y en la calle de Calvet.

La principal ofensiva contra los limpiacristales se llevó a cabo a finales del 2004, tras unos años en los que el fenómeno iba en aumento. Entonces, se llegaron a contabilizar unos 300 en los semáforos barceloneses. Ese año, cuando el ayuntamiento recibió más de 500 quejas de automovilistas por amenazas, coacciones e, incluso, alguna agresión o robo, agentes del Cuerpo Nacional de Policía (los Mossos no se desplegarían en la ciudad hasta el 2005) y de la Guardia Urbana efectuaron diversas redadas para tratar de eliminar esa actividad en dos docenas de cruces. Esta presión policial (que acabó con más de 5.000 multas, la mayoría de las cuales nunca se cobraron), sumado a la entrada en vigor de la norma del civismo un año más tarde, acabó disuadiendo a estos colectivos que han vuelto a las calles.