secuelas de la batalla policial del 2006 en ciutat vella

Clamor para revisar el caso del urbano agredido en Sant Pere

Los manifestantes denuncian anomalías en el juicio que llevó a cuatro jóvenes a prisión

La cabecera de la manifestación, parada en la Via Laietana, ayer.

La cabecera de la manifestación, parada en la Via Laietana, ayer. / ÁLVARO MONGE

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HELENA LÓPEZ / BARCELONA

Los gritos de «Rodrigo Lanza, absolución» retumbaron ayer rabiosos en la estrecha calle de Sant Pere Més Baix, lugar donde, la madrugada del 4 de febrero del 2006, un guardia urbano quedó en coma al caer al suelo tras recibir un impacto en la cabeza durante un altercado entre la policía y los participantes en una fiesta que se celebraba en una casa okupada. Lanza es uno de los jóvenes condenado por los hechos, en un juicio que sus familiares y amigos juzgan «repleto de irregularidades». Medio millar de personas se manifestaron ayer por el centro de la de ciudad para pedir que se reabra el caso, ya que la principal prueba de cargo contra Lanza -actualmente en prisión- fue la declaración de los tres urbanos que acompañaban al agente gravemente herido, dos de los cuales, V. B. y B. S., acaban de ser condenados por torturar y atribuir falsos delitos a otro joven, en este caso hijo de un diplomático de Trinidad y Tobago.

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En la manifestación de ayer, que contó con una gran presencia de cochecitos infantiles -muchos de aquellos jóvenes del 2006 son ahora padres de familia- también tuvo un papel importante el recuerdo a Patricia Heras, otra de las jóvenes condenadas por la agresión que, tras pasar dos meses en presión y cuatro en tercer grado se suicidó en abril. Tanto Heras como Lanza, y el resto de condenados ya en libertad, se han declarado siempre inocentes.

La defensa de los jóvenes presentó un recurso al Supremo, que ratificó la sentenció y están a la espera de la una respuesta del Constitucional, ante el que también presentaron recurso. La versión que mantuvo siempre Lanza -quien presentó denuncias de torturas que no prosperaron contra los policías ahora condenados por ese mismo delito- es que el policía herido cayó al suelo tras caerle en la cabeza una maceta del interior de la casa, en la que había miles de personas. Él, igual que el resto de condenados, estaba fuera de la casa. A ojos de las familias, el hecho de que los policías que testificaron contra sus hijos mintieran en otro juicio les deslegitima totalmente, por lo que reclaman justicia.