CENTRE EXCURSIONISTA DE CATALUNYA

Domènech i Montaner obró el primer engaño

KILÓMETRO CERO3 El Centre Excursionista está situado en el monte Tàber, la cima más alta de la ciudad romana. Es también el punto de partida de la serie de restauraciones que dieron pie al actual barrio Gòric de Barcelona.

KILÓMETRO CERO3 El Centre Excursionista está situado en el monte Tàber, la cima más alta de la ciudad romana. Es también el punto de partida de la serie de restauraciones que dieron pie al actual barrio Gòric de Barcelona.

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No hay Biblia sin Génesis, no hay árbol sin semilla. También en la gotificación del centro de Barcelona hubo un día de la creación, un primero en que germinó la idea. Se puede visitar. Es la sede del Centre Excursionista de Catalunya, en la recóndita pero muy céntrica calle del Paradís. La historia de ese edificio resume a la perfección el eje central la tesis doctoral de Agustín Cócola.

Un pariente del arquitecto Lluís Domènech Montaner, Ramon Montaner, adquirió el edificio con propósitos inaceptables incluso para su época. Era propietario de la masía Florentina, un simulacro de castillo señorial situado en el término municipal de Canet de Mar que pretendía decorar con las columnas del templo romano de Hércules que, aunque en mal estado, se conservaban dentro del edificio de la calle del Paradís. El zipizape que se organizó cuando se conocieron sus intenciones paralizó el traslado. Entonces, pasó algo que iba a determinar de forma decisiva el actual aire medieval del centro de Barcelona. Domènech i Montaner asumió al reforma del edificio.

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El arquitecto supuso, sin base histórica que le respaldara, que el edificio fue en alguna etapa de su historia una casa señorial y que, como tal, debía lucir en su fachada ventanas coronellas, una variante arquitectónica en la que la apertura de luz queda dividida por una o dos esbeltas columnas. Con piedra de la cantera de Montjuïc sustituyó las anodinas ventanas originales por las nuevas, copia más o menos aproximada de un detalle que aparece al fondo de un retablo expuesto en la catedral. Aprovechó la misma cantera para remozar la fachada del Centre Excursionista de Catalunya y, ya puestos, remató el edificio con almenas y merlones. Sin proponérselo tal vez, el ilustre Domènech i Montaner puso en marcha en 1922 la cuenta atrás de la profunda transformación que el barrio de la Catedral estaba a punto de experimentar, pues, de hecho, ni siquiera el nombre de barrio gótico había sido acuñado todavía.

Para comprender la importancia de aquel episodio basta con pasear hoy por el centro de la ciudad. Las ventanas coronellas persiguen a los visitantes.