PUBLICADO EL 7-10-2011 / CONFLICTO VECINAL EN EL BAIX LLOBREGAT

El asesino de la coliflor

Los vecinos de Gavà amenazan con acciones penales si los payeses del municipio usan de noche los cañones de sonido para espantar a los pájaros y conejos que devoran sus cosechas

Convivencia 8 Una tierra de cultivo situada junto a un bloque de viviendas, ayer, en Gavà.

Convivencia 8 Una tierra de cultivo situada junto a un bloque de viviendas, ayer, en Gavà. / JOSEP GARCIA

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CARLES COLS
GAVÀ

La Asociación de Vecinos de Gavà Mar se hizo célebre primero por sus sonadas expediciones de caza mayor. A finales de los años 90 sus protestas apuntaban directamente a la panza de los Boeing 727 y otros grandes aviones que, de noche, rumbo a El Prat o de salida de ese aeropuerto, no les dejaban dormir. Los dirigentes de esa misma asociación acaban de declarar abierta la temporada de caza menor, pues dicen que tampoco duermen por culpa de los modernos espantapájaros que utilizan los agricultores del municipio, una suerte de cañones que de forma programada reproducen el sonido de un disparo con una carga de gas.«Cada pocos minutos, ¡pum!, y así no hay quien descanse». Lo asegura David Jurado, abogado y cofundador de la asociación de vecinos, que por el momento ha presentado una denuncia administrativa en el Ayuntamiento de Gavà y amenaza con acciones penales si en el plazo de dos semanas los responsables municipales no ponen fin al conflicto.

La raíz del problema es que el área agrícola de Gavà ha terminado por convertirse en el gran bufet libre de una variada selección de fauna tan salvaje como gurmet. Están ahí los conejos, en opinión de los payeses unos auténticos cabroncetes porque tienen por costumbre hincarle solo un mordisco a cada hortaliza, en busca de la parte más tierna. La paloma salvaje, autóctona, se reparte el festín con unas simpapeles, las cotorras tropicales que anidan en Barcelona y almuerzan en el delta del Llobregat. No hay que olvidarse tampoco de laGallinula chloropus, que la gente injustamente toma a broma por su nombre común, polla de agua.

Pero el malo de verdad, el que en esta época envenena las relaciones entre agricultores y vecinos, es el pato, un romántico, pues almuerza a la luz de la luna.«En una sola noche se me comieron 2.000 coliflores. ¿Usted cree que eso está bien?»Es la queja de Salvador Bernadó, presidente de la Cooperativa Agropecuaria de Gavà. Bernadó vive en su casa de payés,«a menos de 100 metros»de uno de esos polémicos cañones detonadores (espantapájaros modernos, por simplificar) contra los que protestan los vecinos. Él concilia el sueño pese a las explosiones y pese al vuelo estridente de los aviones, y pone en duda que, desde dentro de los domicilios particulares el ruido sobrepase los límites legales.«Que me lo demuestren», exige.

Pues esa es la tarea que se ha puesto en la agenda el teniente de alcalde de Gavà José Obispo. El choque de intereses no le pilla por sorpresa. Ya el año pasado, por las misma fechas, tuvo que atender las quejas vecinales. Trató de mediar. Propuso a los agricultores que jubilen los actuales cañones por otros equipos al parecer más modernos que echan a los intrusos a golpe de ultrasonido, pero los campesinos aseguran que al aire libre no son ni de lejos tan efectivos como los que usan en la actualidad.

«Mediremos el sonido tal y como fija la normativa que hay que realizar este tipo de pruebas», explica Obispo. Por resumirlo, la medición consiste casi en acostar el sonómetro en la cama del afectado. Bueno, si no es así, se le parece. Y a partir de ahí, el ayuntamiento decidirá.

Solución cinegética

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Por el momento, el conflicto lo tienen solo ejemplares de una misma especie, la humana. Están los que no duermen y están los que pierden la cosecha. Los patos y su dieta nocturna, de momento, viven felices. Pero los agricultores -expone Bernadó- apuntan que, si cabe, hay una solución aún mejor,«el exterminio». Afirman que no se enfrentan a cientos de devoradores de frutas y verduras.«Basta unos pocos conejos para echar a perder toda una cosecha». Nada que con una escopeta y puntería no se pueda resolver. Pero esa solución cinegética causa más temor que tranquilidad en el Ayuntamiento de Gavà.«Primero, midamos si realmente el ruido es tanto», reivindica Obispo, pues algunas de los pájaros y aves que los payeses señalan como dañinas viven en espacios protegidos. Es decir, que de momento no hay grupos ecologistas en estaauca, pero no se descarta, según como evolucionen los acontecimientos, que metan baza en el asunto.

Mientras, el asesino de la coliflor seguirá actuando.