SEXO MERCENARIO EN LA VÍA PÚBLICA

Prostitutas de la Rambla ejercen ahora en Petritxol

Algunas meretrices huyen de la presión del paseo y trabajan en plena calle

1 de octubre del  2011. Prostitutas nigerianas y clientes en pleno intercambio sexual en la calle de Petritxol, la madrugada del sábado pasado.

1 de octubre del  2011. Prostitutas nigerianas y clientes en pleno intercambio sexual en la calle de Petritxol, la madrugada del sábado pasado. / DANNY CAMINAL

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HELENA LÓPEZ
BARCELONA

La calle de Petritxol es con total seguridad una de las más agradecidas con sus vecinos. Al margen de sus famosasaucas, en la veintena escasa de fachadas que conforman el renombrado pasaje se cuentan una decena de placas recordando a sus célebres inquilinos. Del archivero Lluís Millà i Reig a la soprano Montserrat Caballé, quien tuvo durante años su sala de ensayo en esta vía, famosa por sus chocolaterías. Pasear durante el día por esta calle es un ejercicio más que recomendable, pero la cosa cambia al caer el sol. Por las noches, Petritxol es uno de los puntos base del ejercicio de la prostitución callejera en el centro. No se trata de mujeres que venden allí sus servicios, sino de jóvenes meretrices nigerianas que captan a sus clientes en la Rambla -normalmente turistas con un alto índice de alcohol en sangre- y los acompañan hacia esta más discreta ubicación del Gòtic, paralela al turístico paseo pero mucho más recogida, para consumar el mercenario acto sexual.

«Cuando veo a señoras ponerle velas a la virgen de la Mercè -Petritxol es, también, rica en imaginería cristiana- siempre pienso, ¡Ay, si supierais lo que pasa debajo de esa estatua», apunta una vecina de los primeros números de la calle, los más cercanos a la plaza del Pi. «Primero buscan un portal y, si no hay ninguno abierto, aprovechan los rincones; los huecos entre edificio y edificio», prosigue la vecina, quien prefiere no dar su nombre. «Tras las ventanas que dan a la calle es imposible dormir. Se oyen gritos; peleas si algún cliente se quiere marchar sin pagar o si alguna de las chicas le intenta robar, que también pasa», cuenta otra vecina, quien asegura que este verano ha sido insoportable. «No ha habido viernes que no haya llamado a la policía, pero es todo tan rápido que, cuando llegan, ya no están», relata.

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SITUACIÓN ENQUISTADA / Encontrarse involuntariamente con alguna escena de sexo de pago frente a sus casas -cuando no dentro de sus portales- no es una novedad para los vecinos de Petritxol. Carles Báguena es propietario de una joyería en dicha calle, donde además reside desde hace 47 años. «Después de encontrar varios días un preservativo en la puerta decidí mirar las cintas de la cámara. Aluciné. Allí hacían de todo. Eran verdaderas películas porno», indica el joyero. Eso sucedió hace unos cuatro años. Mandó las grabaciones al ayuntamiento y a la entonces oposición, y notó que la situación mejoraba «algo», pero no logró atajar el problema en su portería hasta que colocó una verja, que cierra con llave cada vez que baja las persianas de su negocio. «Actuaron duro en la Rambla y, al no haber tantas prostitutas allí, no venían aquí, pero ahora vuelven a verse», apunta.

Joaquim Conesa, tesorero de la asociación de vecinos y comerciantes de Petritxol, sostiene que la situación va «a rachas». «Mientras los comercios tenemos las persianas subidas, es un lugar tranquilo y agradable», señala. «La prostitución aquí solo se ve de noche», insiste; hecho innegable. A ojos de Conesa, la complejidad del asunto reside, además, en que en ocasiones estas chicas -o sus proxenetas- han recibido ayuda de vecinos. «Se ha dado el caso de un vecino que dejaba el portal abierto por la noche sospechosamente», conviene. Vecinos de otras fincas cuentan que han encontrado silicona en la puerta de la escalera para impedir que se cierre y poder cobijarse en el portal. En otra escalera la semana pasada se vieron obligados a cambiar la cerradura.