ÉXITO DE UNA MOVILIZACIÓN CIUDADANA EN CIUTAT VELLA

La presión popular frena el desalojo de nueve familias

El juez ordena la suspensión temporal de la 'desokupación' de un bloque del Raval

Una vecina se asoma al balcón de uno de los pisos afectados, ayer.

Una vecina se asoma al balcón de uno de los pisos afectados, ayer. / ALBERT BERTRAN

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HELENA LÓPEZ
BARCELONA

Pese a lo casi indecente de la hora de la cita -a las seis de la mañana-, la convocatoria tuvo un éxito tal que la policía ni siquiera se atrevió a intentarlo. Y es que, a ojos de los miembros de las distintas asambleas de barrio nacidas a partir del 15-M, lo indecente es echar de sus casas a familias sin recursos; algo que ayer tenía todos los puntos de suceder en el 109 de la calle de Sant Pau, en el Raval, pero que el movimiento vecinal logró parar (de forma temporal).

En este caso no se trata de un desahucio por impago de la letra de la hipoteca o del alquiler -un triste clásico en los tiempos que corren- sino de nueve viviendas directamente okupadas, algunas de ellas por familias con niños en situaciones de pobreza extrema, previamente desa-

huciadas de otros lugares, una de ellas, de otro piso dentro de la misma finca, según los vecinos. En los nueve pisos afectados por la orden judicial viven unas 30 personas, informó una portavoz del colectivo.

ORGANIZACIÓN EJEMPLAR / El desalojo estaba previsto para las nueve y media de la mañana, pero los grupos de apoyo, ya curtidos en la materia, se reunieron frente a la finca horas antes para evitar sustos. Así, a la hora marcada eran más de 200 personas las que gritaban consignas como «¿Qué pasa? ¿Qué pasa? Que no tenemos casa» o «No tenéis vergüenza», este último grito dedicado a los representantes de la propiedad y a la comisión judicial.

Pasaban las horas y la policía no llegaba, pero tampoco la orden de suspensión, por lo que los allí concentrados -grupo que fluctuaba y variaba de rostro, ya que fueron nueve horas de protesta y fueron necesarios los relevos- seguían pidiendo refuerzos en las redes sociales, ya que el desalojo se podía efectuar cuando menos lo esperaran. No fue hasta las tres de la tarde cuando -vía prensa- llegó la confirmación de que el desa-

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lojo no se produciría, lo que los manifestantes celebraron con optimistas gritos de «¡Sí se puede!».

Para el grupo de apoyo formado en el barrio, la acción de ayer no pretendía únicamente evitar que estas familias perdieran sus casas, sino también denunciar «lo injusto» del sistema. «Les hemos buscado lugares alternativos donde acogerles, en el peor de los casos», concluyeron.