14 ago 2020

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Análisis

El fin de la 'estrellitis' arquitectónica

Juli Capella

Hace ahora justo dos años, se colocó la primera piedra del edifico de la diva Zaha Hadid en la zona del Fòrum de Barcelona. Estaba presupuestado en 65 millones de euros y en la ceremonia el alcalde dijo alegremente que en la ciudad se capeaba la crisis. Pero la segunda piedra, al parecer, no se va a colocar nunca, y eso que el edificio entero ya debería estar acabado. No es motivo de alegría que se paralice una obra de arquitectura de calidad como esta. Pero tampoco es un drama. Simplemente, da un poco de vergüenza ver cómo nos marean. Pero ojo, no es patrimonio barcelonés, hay quien aún lo hace peor. Precisamente el mes pasado la misma arquitecta Hadid ha visto como el Tribunal Supremo paralizaba su proyecto de futura Biblioteca de la Universidad de Sevilla. Atención, el motivo es que invadía descaradamente una de las pocas zonas verdes del centro urbano. ¿Es que no se había dado cuenta el alcalde? Sí, pero le importaba un pito, al parecer.

Tampoco se van a hacer los proyectos del Campus de la Justicia en Madrid, de Norman Foster, Richard Rogers y de la susodicha Hadid, -la mujer pensará que de repente le hemos cogido manía en España-. Sin duda no son buenos tiempos para la arquitectura estelar y caprichosa, con la que los políticos pretendían ganar votos. A partir de ahora, el que se atreva a pasear a una vedete arquitectónica ofreciéndole carta blanca, va a salir escaldado. España fue durante años el principal consumidor mundial de arquitectos estrella, ahora estrellados. En Barcelona fuimos los pioneros, invitando a célebres arquitectos durante el periodo olímpico para colaborar en nuestra ciudad. El fenómeno de catetismo municipal, empeñado en deslumbrar, en vez de arreglar su ciudad, ha sido deliciosamente desmenuzado por Llàtzer Moix en el libro Arquitectura milagrosa. La cancelación de algunas obras megalómanas no es más que el epílogo previsible y deseable de una forma de hacer ciudad a golpe de iconos y pasta, y no de proyectos serviciales, contextualizados y participativos.

Según el Col.legi d'Arquitectes tenemos a más de la mitad de los arquitectos locales sin trabajar, la mayoría de ellos con mucho talento y además esmerados en su labor. Se cuenta que Hadid no suele visitar las localizaciones de sus proyectos hasta que ya están hechos. Retomemos pues nuestra tradición condal de arquitectura social, no reñida con la belleza, que nos hizo merecedores del elogio mundial.

Tener un Hadid, un nuevo Gehry, el enésimo Nouvel u otro Foster no nos hará mejor ciudad sino un poco más vulgares.