04 jul 2020

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Análisis

Aprender a beber para beber responsablemente

Javier Elzo

El 61% de los adolescentes españoles de 12 a 18 años es consumidor habitual de bebidas alcohólicas. El 69% de los consumidores se inició entre los 13 y los 16 años. No tienen dificultad alguna en adquirir bebidas alcohólicas. Un 10% de los consumidores, busca colocarse directamente. El 72% de los adolescentes, cuando salen el fin de semana, llegan a casa después de las 4 de la madrugada, la media es a las 5.30 horas. Al 70% de los adolescentes nunca les han pedido el DNI con relación al consumo o adquisición de alcohol. La mitad de los adolescentes que beben se emborracha como mínimo una vez cada dos meses.

Sin embargo, la legislación vigente señala que solo pueden consumir alcohol los mayores de 18 años. La consecuencia es obvia. No habrá ley incumplida en mayor grado que esta en el momento actual. Y a tenor de los datos del 2008 que acabo de ofrecer, estamos ante una ley de difícil cumplimiento, por no decir de imposible cumplimiento.

En Europa, según el último estudio ESPAD hecho con escolares europeos de 16 años, más de cuatro de cada cinco escolares de esta edad han consumido alcohol en los últimos 12 meses pese al hecho de que la legislación sea prohibicionista para el consumo en menores de edad.

Por otra parte, si bien se ha estabilizado e incluso descendido el consumo continuado de alcohol, sin embargo el excesivo consumo ocasional, el atracón (binge drink) ha aumentado notablemente. En España, bajo la modalidad del botellón. De hecho, el modelo mediterráneo, en lo que tiene de consumo integrado de alcohol, empezando por la familia, muestra un claro descenso, pero el modelo nórdico del atracón se extiende por toda Europa. También en España.

Sin embargo, debe ser irrenunciable modificar unos hábitos de conducta y consumo en los adolescentes que generan consecuencias muy dañinas para ellos mismos y, dados los usos y costumbres de consumo en la vida pública, también para los ciudadanos próximos a los lugares de esparcimiento juvenil. Es uno de los objetivos centrales del libro titulado Hablemos de alcohol: por un nuevo paradigma en el beber adolescente que, auspiciado por la Fundación Alcohol y Sociedad, presentamos en noviembre pasado.

En el libro hemos recogido cómo se han utilizado mucha energía y muchos medios humanos y materiales para poner en práctica programas educativos que reduzcan el consumo de alcohol entre los jóvenes. Los datos nos demuestran que los resultados no concuerdan con los esfuerzos ni satisfacen las expectativas. Pero, del estudio de esas experiencias, sostenemos que la prevención basada en la «educación del carácter», en el «desarrollo de las fortalezas personales» y en la capacidad para enfrentarse a los problemas y tomar decisiones es la más eficaz en el ámbito individual. Incluye una educación en valores morales. Esta prevención tiene como objetivo fomentar una «sabiduría del beber», es decir, aprender a beber responsablemente. Aunque a muchos, en el puritanismo sanitarista que nos invade, les suene a música celestial.