Informe sobre el valor económico del patrimoni

La UPC insta a explotar el atractivo histórico de la avenida del Tibidabo

Sugieren que el Tramvia Blau tenga una parada más para que llegue a la carretera de las Aigües

Tres profesores estudian cómo potenciar la ciudad jardín para descentralizar el turismo de Barcelona

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CARLOS MÁRQUEZ DANIEL
BARCELONA

Cuando un turista llega a la plaza de John F. Kennedy, en Sant Gervasi, su mirada curiosa y novata se pierde en detalles que le resultan inconexos. Contempla embobado la cúpula de La Rotonda y sonríe en familia con el recatado Tramvia Blau, pero no se da cuenta de que está en uno de los rincones de Barcelona que menos ha cambiado en los últimos 100 años, de que tiene delante una calle que escenifica como muy pocas el concepto de ciudad jardín. Conocida esta situación, tres profesores universitarios expertos en economía se han propuesto demostrar que el patrimonio arquitectónico, histórico y sentimental de la avenida del Tibidabo, bien explicado y administrado, puede ser una fuente segura de ingresos, un ejemplo de descentralización del turismo y el origen de una ruta que enlace de manera inteligente con Collserola.

Esta calle, que serpentea a lo largo de 1.500 metros hasta el funicular que sube al parque de atracciones, fue un sueño hecho realidad por el doctor Salvador Andreu. En 1897, año en el que Sant Gervasi se anexionó a Barcelona, se propuso urbanizar la zona, y dos años más tarde, con el apoyo de varias familias adineradas, creó la Compañía Anónima Tibidabo. En las laderas de la avenida empezaron a florecer mansiones proyectadas por los arquitectos más renombrados de la época (Josep Puig i Cadafalch, Joan Rubió i Bellvé, Enric Sagnier o Adolf Ruiz Casamitjana), y algunos de los pudientes linajes que residían en interminables pisos principales del Eixample hicieron las maletas y subieron al lugar del que todos hablaban.

LA ROTONDA: EL ORIGEN / Àlvar Garola, uno de los tres profesores que trabajan en este estudio del departamento de Infraestructuras del Transporte y el Territorio de la UPC, explica que todo empezó con una reflexión sobre el abandono de La Rotonda. Junto a sus compañeros de cátedra Teresa Navas y Francesc Magrinyà, Garola se planteó el «impacto económico que los elementos del patrimonio tienen sobre la ciudad» y llegó a la conclusión de que la avenida del Tibidabo «puede convertirse en una ruta turística muy atractiva para Barcelona si se tiene en cuenta la riqueza intacta de sus edificios, su historia y la cercanía con Collserola». «A las empresas les gusta instalarse en un edificio catalogado porque da un plus de reconocimiento. Muchas de las mansiones de la calle las ocupan compañías multinacionales muy importantes o agencias de publicidad. Esta avenida da prestigio y no lo estamos aprovechando», resume este profesor de Economía.

Otra de las tesis de este trabajo, que aún está en fase de lluvia de ideas y aspira a ser publicado en alguna de las mejores revistas estadounidenses del género, se centra en la «necesidad de descentralizar la oferta turística», un objetivo que ya marca el propio plan estratégico de turismo 2010-2015 elaborado por el ayuntamiento y que tiene el difícil reto de hacer entender al visitante que hay vida después de Gaudí, el Barça, la Rambla, la playa y las tapas de tortilla.

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Para lograrlo, Garola, Navas y Magrinyà ya regalan algunas propuestas que darían alas a un hipotético proyecto turístico en la avenida del Tibidabo: «En la futura Rotonda, la puerta de esta ciudad jardín, podría colocarse un pequeño punto de información para que la gente sepa que el recorrido está lleno de lugares para ver con calma. También estaría muy bien que el Tramvia Blau pudiera subir hasta el aparcamiento de la carretera de las Aigües, donde muere la calle de Manuel Arnús -que también debería reformarse porque no tiene acera-, para poder conectar la ruta arquitectónica e histórica con otra relacionada con la naturaleza».

Garola comenta que no han hablado con el ayuntamiento pero apunta que este estudio «tiene cierta sintonía con lo que ya se ha hecho en otras zonas, como en el 22@, donde se han recuperado fábricas y se ha mantenido parte del ambiente industrial que hizo grande ese barrio». «La avenida del Tibidabo está igual que hace 80 años y tiene una calidad que no la ves en ninguna otra parte», concluye.