miliciana anarquista

Concha Pérez: «El amor libre era una cuestión más teórica que práctica»

Concha Pérez: «El amor libre era una cuestión más teórica que práctica»

JOAN CORTADELLAS

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HELENA LÓPEZ
BARCELONA

Todavía se despide con un enérgico ¡Salud! Parece que el anarquismo no se cura con los años. Con 95 cumplidos, sigue en la lucha. En noviembre se pegó en la solapa el adhesivo con el Jo no t'espero. El Ateneu Enciclopèdic Popular le organiza hoy un homenaje por toda una vida dedicada a la causa libertaria.

-¿Cómo lidia una anarquista como usted con tanto homenaje?

-Me vienen un poco grandes. Me sorprenden. Siempre me ha gustado estar en la segunda fila. Soy un poco vergonzosa, y cuando hablan de mí se me remueve todo.

-¿Es real la imagen bucólica de la guerra que relatan las novelas?

-¡Depende de las novelas! Cuando hago un repaso de mi vida, sí que pienso que sí se parece un poco a algunos personajes de libro.

- ¿Cuál ha sido el episodio más de novelesco de su vida?

-Fue en el ataque a Belchite. Pasamos la noche en un montículo y, de madrugada, cuando escapábamos, me encontré por el camino a un compañero herido que se estaba desangrando. Yo llevaba siempre un pequeño botiquín e intenté curarle, pero vi que no podía. Corrí a buscar ayuda y logré que subiera un médico y le curara.

-Llevaba siempre un botiquín… ¿hacía de enfermera?

-¡No! Era miliciana, pero intentaba ayudar siempre en lo que podía. En realidad, era de las únicas mujeres que fui al frente a luchar, no a ayudar a los hombres.

-¿Dónde le cogió la guerra?

-Recibimos la noticia reunidos en el bar Los Federales, en Les

Corts. Lo primero que se nos ocurrió fue ir a asaltar el cuartel de Pedralbes, a buscar armas. La entrada fue fácil, no se resistieron, pero estábamos tan ilusionados que cogimos los fusiles y nos olvidamos las balas.

-¿Eran optimistas?

-Mucho. Pensábamos que cuando liberáramos Barcelona nos iríamos a Portugal para acabar con Salazar.

-¿Cómo vivía en el frente una mujer sola, rodeada de tantos hombres?

-Estaba acostumbrada a estar siempre rodeada de hombres. Desde muy pequeña, espiaba a mi hermano mayor, también anarquista, que se reu-

nía con sus compañeros en casa. Después, en el Ateneu que montamos antes de la guerra, también estaba siempre con hombres.

-¿Sus amigas no la acompañaban?

-Siempre llevaba a alguna, pero no repetían. Sus familias no les dejaban. Decían que era mala compañía. Piensa que antes de la guerra ya había pasado unos meses en la cárcel, por una huelga en una fábrica, en la que me cogieron con una pistola.

-¿Qué tal eso del amor libre?

-Era una cuestión más teórica que práctica. Debatíamos mucho sobre el tema, pero a la hora de la verdad cada uno estaba con su compañero.

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-Perdida la guerra y tras pasar por varios campos de refugiados en Francia vuelve a Barcelona con un bebé de meses. ¿Qué encuentra?

-Fue muy duro. Me encontré con que habían echado a mi madre de la casa en la que vivíamos de toda la vida en Les Corts y vivía junto a otras familias en una habitación.