29 oct 2020

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Entrevista con la REPRESENTANTE DE PERSONAS SORDAS DEL IMD

Fanny Llorens: "Cualquier persona sorda debería tenerlo, al margen de la edad"

ROSA MARI SANZ / Barcelona

Fanny Llorens, sorda poslocutiva (perdió la audición después de adquirir el habla) y representante del Instituto Municipal de Personas con Discapacidad (IMD), es una de las 20 personas que están probando el nuevo aparato de teleasistencia. Habla de sus beneficios, pero también de sus pegas. De hecho, este periodo sirve para escuchar sus opiniones de cara a mejorar la funcionalidad del artilugio antes de su implantación definitiva.

-La teleasistencia es uno de los servicios sociales más aplaudidos por los usuarios. Por fin se adapta.

-Da mucha confianza, es como si tuvieras a alguien en casa. Y más en nuestro caso, ya que falta atención a las personas sordas por parte de cualquier organismo. Cuando uno está mal siente mucho miedo, y yo que en estos momentos estoy haciendo quimioterapia... Creo que con este aparato hemos hecho un gran avance, pero se ha de ir perfeccionando.

-¿Cuáles son sus peros?

-El proceso para enviar mensajes a las oficinas centrales es excesivamente largo, debería abreviarse. Respuestas tipo «enviado», «recibido», «esperando respuesta» nos las podríamos evitar. Se hace eterno si tienes una urgencia.

-¿Solo eso?

-No, no, también pesa demasiado, porque lo has de llevar colgado siempre. También tendrían que mejorar la manera de que quede sujeto al cuerpo, ya que nos enteramos de una llamada porque vibra, y tal y como está ahora si caminas va bailando. Además... Bueno pero eso ya no es del aparato.

-Quéjese, quéjese.

-Creo que cualquier persona sorda, independientemente de que tenga más de 65 años, debería poder tenerlo. Imagínese, por ejemplo, una madre sorda que tenga un percance grave con su hijo pequeño.

-¿Cómo ha resuelto usted hasta ahora una urgencia?

-Vivo sola, no puedo utilizar los teléfonos y muchas veces si me he encontrado mal mi única salida es enviar mensajes por móvil, pero solo sirve para familiares. Si el tema es más grave estamos perdidos. He llegado a tener que salir a la calle a pedir ayuda cuando he estado muy mal.

-Su sordera no es de nacimiento.

-Perdí totalmente la audición cuando tenía 30 años. El mundo cambió para mí. Me quedé sin teatro, sin música, sin conferencias, con problemas en todas partes. Para las personas que antes hemos sido oyentes es muy duro asimilar el cambio. Además, nos topamos con que la ciudad no se entera de la presencia de personas sordas oralistas [aquellas que no utilizan el sistema de signos, sino que leen los labios]. Somos, dentro del colectivo, los más invisibles, ya que no se nos identifica, las manos son muy visibles.

-En ese tiempo Barcelona ha ganado en accesibilidad.

-Hemos evolucionado mucho, pero queda tanto por resolver, sobre todo en cuanto a la cultura, el teatro, los cines, las conferencias... Falta subtitulación. Nosotros hemos batallado para mejorar el transporte público, las pantallas informativas del metro, del autobús... Estamos haciendo protestas continuas.

-¿Les escuchan?

-Tengo que reconocer que desde Acción Social del Ayuntamiento de Barcelona son muy receptivos y nada sordos. Las cosas van lentas, pero al final van llegando.