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FUNDADOR DE LA eSCOLA mODERNA

Barcelona dedica una avenida al maestro Ferrer i Guàrdia

El pedagogo que fue ejecutado en 1909 sustituye en Montjuïc al Marqués de Comillas

EL PERIÓDICO
BARCELONA

El Ayuntamiento de Barcelona hizo ayer justicia finalmente en el callejero de la ciudad al librepensador y pedagogo de ideas libertarias Francesc Ferrer i Guàrdia, ejecutado en 1909 en Montjuïc como chivo expiatorio de los sucesos de la Setmana Tràgica. Su nombre sustituye al del controvertido naviero y comerciante Marqués de Comillas (Antonio López), enriquecido en el siglo XIX con el tráfico de esclavos hacia Cuba, en las placas de la avenida que une el paseo de la Reina Maria Cristina y la plaza de Sant Jordi. Se trata de un vial situado justamente en la falda de la montaña donde perdió la vida el que fuera fundador de la Escola Moderna.

La nueva denominación de la avenida es fruto de una campaña cívica realizada en los últimos años por varias entidades, entre ellas la fundación que lleva el nombre del pedagogo. Su presidente Joan Francesc Pont asistió al acto de inauguración de las placas que realizó el primer teniente de alcalde Carles Martí.

CULTURA REPUBLICANA / El cambio se inscribe en la celebración el 2009 del Año Ferrer i Guàrdia en el centenario de su muerte y los 150 años de su nacimiento. Según la fundación, con el cambio gana presencia «la cultura laica y republicana, tan barcelonesa pero tan ausente de las calles».

Un total de 160 entidades y más de 1.500 personas han apoyado el cambio. Al Marqués de Comillas, aún le queda una plaza con su nombre, la de Antonio López, al inicio de la Via Laietana frente a Correos.

La Fundació Ferrer i Guàrdia conserva los archivos del pedagogo y la documentación del consejo de guerra que le condenó a muerte al considerarlo instigador de la Setmana Tràgica. Del 25 de julio al 2 de agosto de 1909 hubo una huelga general en Barcelona y otras poblaciones catalanas motivada, entre diversas causas, por el reclutamiento forzoso para ir a la guerra de Marruecos. La protesta fue también una violenta revuelta anticlerical durante la que se incendiaron muchas iglesias.

El Gobierno central decretó el estado de guerra y atribuyó al pedagogo, que estaba en su punto de mira por sus ideas cercanas al anarquismo hegemónico entonces entre los sectores obreros, el ser uno de los instigadores de la protesta. Ferrer i Guàrdia ya había sido encarcelado en Madrid después de que el libertario Mateu Morral, exbibliotecario de la Escola Moderna, lanzara una bomba en la calle Mayor al paso del carruaje del rey Alfonso XIII.

Tanto el consejo de guerra, hecho sin pruebas, como la ejecución motivaron una fuerte campaña internacional de rechazo con marchas en París, Viena y Roma, boicot antiespañol en Londres y muchos artículos en The New York Times.

La restitución de la memoria de Ferrer i Guàrdia da hoy por la tarde otro paso con la placa que se descubre en la calle de Bailén, 56, antigua sede de la Escola Moderna.

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