24 feb 2020

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REIVINDICACIÓN VECINAL EN LA BARCELONETA

La protesta contra el hotel Vela atrae a 500 personas

La manifestación acaba con pintadas en la fachada del local, que abre el jueves

HELENA LÓPEZ
BARCELONA

Se manifestaron por tierra, mar y aire, tal y como habían anunciado. Varias decenas de personas –unas 500, según la organización– participaron ayer en una llamativa performance contra el Hotel W, popularmente conocido como Vela, orquestada por la plataforma que aglutina a varios colectivos contrarios a la construcción, y que acabó con pintadas en la fachada del polémico edificio y alguna que otra puerta rota.

La protesta empezó en el agua, donde cualquier embarcación era válida. Un centenar de surferos y atrevidos activistas hizo una simbólica travesía en tablas de surf, canoas y colchonetas, desde la playa de Sant Sebastià hasta el espigón del W, donde desplegaron dos enormes pancartas con los mensajes La ciutat és nostra y Bomba a l’Hotel Vela, este último, el eslogan de la campaña.

La incursión por tierra –el nombre de la protesta era «asedio» al Vela– la dejaron para los más mayores. Un reducido aunque animado grupo de vecinas del barrio marinero gritaba un contundente «Hotel Vela, para las abuelas», mientras caminaba hacia las inmediaciones del recinto mostrando una entrañable pancarta naranja con unas letras de tela cosidas a mano en las que se leía un : «Veïns, una espècie en perill d’extinció».

PINTURA ROSA / Una vez reunidos todos a las puertas del hotel, totalmente vallado, fue el turno del aire. Unos pocos tiraron huevos llenos de pintura rosa –el color de la campaña– a la fachada, y derribaron las alambradas que cercaban el hotel. «Pasad, que tardaréis mucho tiempo en volver a pisar esto», invitaba, megáfono en boca, un manifestante. Y el chaval demostró tener poder de convocatoria. La comitiva saltó las vallas –tarea fácil, ya que a esas alturas ya estaban por los suelos– y se paseó tranquilamente por el jardín del hotel, que se inaugura el jueves, ante la mirada impasible de los trabajadores del mismo. Algunos manifestantes –los menos– aprovecharon para dejar su huella en las paredes del complejo, con pintadas como Barcelona, puta de lujo; Turisme, Terrorisme o Vuestro lujo, nuestra precariedad.

Entre los asistentes, perfiles de todo tipo. Desde activistas con el rostro tapado –los autores de las pintadas– hasta vecinas de la Barceloneta de toda la vida, pasando por ciudadanos llegados de otros puntos de la capital, igualmente indignados con el rascacielos. «Es una de las derrotas urbanísticas más grandes de Barcelona. La agresión al paisaje más importante de los últimos años», lamentaba Prudenci, vecino del barrio de la Ribera, cuyo aspecto estaba a años luz del grupo de antisistema que tenía delante (y detrás).

«Sabemos que es casi imposible que lo derriben, pero como mínimo que no se inaugure impunemente», explicó Berta Romaní, portavoz de la plataforma vecinal, quien adelantó que esta semana presentarán un contencioso administrativo contra la Autoritat Portuària por incumplir la ley de costas.