27 may 2020

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PROBLEMAS EN LA VEGETACIÓN

Los plátanos pierden las hojas con dos meses de adelanto en BCN

Los insectos, la polución y la escasez de tierra agravan la debilidad de la especie

El estrés hídrico ha sido la puntilla, pero miles de árboles están enfermos o muy viejos

ANTONIO MADRIDEJOS
BARCELONA

Los plátanos de Barcelona, especialmente en el centro de la ciudad, ya han perdido buena parte de las hojas en un proceso que, aunque fuentes municipales califican de «normal todos los años por estas fechas», no debería ser tan habitual si la salud de los árboles fuera impecable. Tendría que suceder en otoño, a partir de septiembre u octubre. De hecho, otras especies de hoja caduca que también son muy abundantes en Barcelona, como el almez, la sófora, el chopo, la tipuana y el braquiquito, presentan una copa todavía muy densa, sin signos de decaimiento.

No todos los árboles caducifolios pierden la hoja al mismo tiempo, puesto que depende de la genética de la especie, pero lo común es que el proceso empiece al reducirse la longitud de los días, cuando el frío y la falta de sol dificultan la fotosíntesis. «Es normal que algunos árboles pierdan sus hojas en los meses de verano –explica Guillem Nicolàs, técnico especialista en hortofruticultura–. Lo hacen para tener menos superficie y, por tanto, menos transpiración». Perder menos agua es una manera de protegerse. «No obstante, eso no quiere decir que se tengan que quedar pelados –prosigue–. Si la caída de hojas es excesiva, lo lógico es que haya algún problema».

Además de un problema ambiental, la caída prematura de la hoja obliga a una rápida recogida. Si no es así, se corre el riesgo de que la hojarasca emboce las alcantarillas justo antes de la llegada de las tradicionales tormentas de finales de agosto y septiembre. Muchas hojas que no han caído ya están amarillentas.

HONGOS Y PODAS EXCESIVAS / La sequía y el calor extremos del mes de julio –el llamado estrés hídrico– han sido la puntilla, pero no pueden ser considerados los responsables únicos. Los hongos y los insectos, las podas excesivas de años atrás –actualmente limitadas–, la contaminación, el cemento, las pequeñas dimensiones de los alcorques y la escasez de tierra ante el empuje de los aparcamientos y los transportes subterráneos, entre otros factores, aportan su grano de arena. No es exagerado afirmar, como asume el ayuntamiento, que una parte sustancial de los plátanos, quizá decenas de miles, o se encuentran enfermos o son ejemplares muy viejos.

Los plátanos de sombra (Platanus x hispanica, según la nomenclatura científica) han perdido el dominio abrumador que ejercieron antaño en las calles de Barcelona, pero continúan siendo los árboles más frecuentes: hay aproximadamente 50.000 sobre un total de 150.000 ejemplares. Debido a las grandes dimensiones que llegan a alcanzar, su debilitada salud y las frecuentes alergias que ocasionan, el ayuntamiento ha dejado de considerarlos árboles prioritarios. Si se mueren, son sustituidos por otras especies y se reservan únicamente para grandes avenidas o emplazamientos tradicionales. Quizá en pocas décadas, como pronostican algunos, el aspecto de las calles barcelonesas será muy diferente.