AGRAVIO CON LA CAPITAL DE ESPAÑA

Fomento desembolsa en Madrid el dinero que regatea a Sagrera

El ministerio financia la ampliación de Atocha, con un coste de 520 millones

Gallardón anuncia la urbanización de las 310 hectáreas del 'plan Chamartín'

La estación intermodal de Atocha, en el atardecer de ayer, en Madrid.

La estación intermodal de Atocha, en el atardecer de ayer, en Madrid. / JOSÉ LUIS ROCA

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XABIER BARRENA / ALBERT OLLÉS
BARCELONA

Tal y como dijo el escritor de ciencia ficción Philip K. Dick --autor del relato que inspiró el filme Blade Runner--, que uno sea paranoico no significa que no le persigan. Aplicado esto al carácter catalán, puede afirmarse que el que uno sea victimista no significa que no sufra agravios comparativos. Algunos sonrojantes. Mientras la estación de Sagrera sigue siendo un fantasma en el último páramo urbano de Barcelona, sin fecha de inicio de obras y, lo que es peor, sin financiación comprometida por nadie, la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, presentó el jueves pasado la remodelación de la estación de Atocha, cuya primera fase finalizará en el 2010.

Fomento preveía pagar el 62% de los 592 millones que costará Sagrera con las plusvalías que obtendría de la venta de los terrenos ferroviarios de la zona. El Ayuntamiento de Barcelona, en el 2002, puso su granito de arena al elevar un 40% el suelo edificable del área. La crisis inmobiliaria ha acabado con este particular cuento de la lechera.

El viernes, el pleno del ayuntamiento pidió, por unanimidad, a Fomento que asuma la obra en su totalidad. En las manos de los 41 concejales barceloneses quemaban los recortes de la prensa local madrileña en la que una ufana Magdalena Álvarez presentaba la reforma de Atocha, valorada en 520 millones.

RECONSTRUCCIÓN

Porque lo que se hará en Atocha es una reforma. Y no solo porque su construcción date de 1851, sino porque fue rehecha entre 1988 y 1992 para albergar la primera línea de AVE, Madrid-Sevilla. Costó 25.000 millones de pesetas, lo que, actualizado con la inflación, serían 250 millones de euros. Y no se reparó en gastos: el jardín tropical cubierto de 4.000 metros cuadrados que caracteriza la estación, con sus plantas carnívoras y galápagos, costó 705 millones de pesetas, más de siete millones de euros actuales.

En esos mismos años --preolímpicos, para más inri--, la estación de França fue también reformada. O mejor adecentada arquitectónicamente. Se invirtieron 8.000 millones de pesetas. Menos de un tercio de lo que se llevó Atocha, y el equivalente actual a 80 millones de euros.

No fue, la de Atocha, la única buena noticia ferroviaria para Madrid. El mismo jueves, el alcalde, Alberto Ruiz-Gallardón, anunció que el llamado plan Chamartín, tras 15 años en vía muerta, iba a ponerse en marcha. El plan Chamartín es el Sagrera de Madrid. Un páramo de 310 hectáreas --por 230 de la estación barcelonesa-- aledaño a la estación homónima. Y mientras la crisis económica es la causa del frenazo de Sagrera, por la caída de las plusvalías, Gallardón vendió el proyecto justamente como un antídoto a la crisis: desde tiempos de Roosevelt, en momentos de crisis no hay nada como fomentar la obra pública.

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Y en eso anda Fomento --en Madrid--,aunque para ello use un modelo bien distinto al que se desarrolla en Barcelona. Si en la capital catalana prefiere un esquema socialdemócrata, en el que las administraciones controlan la venta de los terrenos, en la capital de España se optó, en 1994, por una fórmula mucho más liberal: ponerse en manos de la iniciativa privada.

Ese año se adjudicó la edificación de las 200 hectáreas propiedad del Estado a la compañía Duch (desarrollo urbanístico de Chamartín, la unión del BBVA y la constructora San José). Duch pagará unos 1.200 millones de plusvalía a Fomento --construirá unas 16.000 viviendas-- y la ministra Álvarez se ha comprometido a invertir parte de ese dinero en construir la nueva estación subterránea de Chamartín, un túnel de alta velocidad entre esta estación y Atocha, y tres estaciones de Cercanías, en la T-4 de Barajas, y en los barrios de Hortaleza y Fuencarral. Con lo que sobre, Álvarez prometió levantar 2.000 viviendas más, pero de protección oficial. En Sagrera, las plusvalías no alcanzan, se conoce, ni para pagar el 62% de la estación.