Muñoz Molina revisa 'Córdoba de los Omeyas' 20 años después

"Bien contada, la historia es un género más poderoso que la novela", afirma

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JULIA CAMACHO / CÒRDOVA

Santos que quieren ser mártires pero no encuentran quien les torture, gobernadores desdichados que decían haber sido felices solo 14 días en su vida, nobles obsesionados con los libros que mandan sirvientes a cualquier lugar del mundo a copiar ejemplares, emires con viajes más disparatados que el del mítico Ulises... Con estos mimbres, Antonio Muñoz Molina (Úbeda, 1956) construyó hace casi dos décadas Córdoba de los Omeyas, y todos tienen en común un mismo rasgo: son personajes reales.

"La historia bien contada es un género más poderoso que la novela", afirma el escritor jienense, que ayer presentó en la ciudad califal la reedición del libro, rescatado por la Fundación José Manuel Lara dentro de un colección de ciudades históricas. Apenas un centenar de fotos en color y leves retoques de texto son las principales novedades del texto, del que el autor reconoció las dificultades de la revisión. "Es como observar una foto en la que te ves a ti mismo, pero cambiado", por lo que "se puede quitar o añadir algo, pero no se puede ir más allá, porque sería como querer cambiar al pasado".

EXCESOS

No obstante, y pese a que aprecia "quizá un exceso de literatura y romanticismo", insistió en que si tuviera que volver a escribir la obra, "sería un libro diferente porque cambiaría la actitud ante el estilo, aunque no hacia la historia".

En este sentido, el autor destacó que no existe contradicción entre ser escritor o historiador. "Los grandes historiadores son impresionantes narradores, solo que no necesitan inventar nada". Él acudió a fuentes solventes y luego se esforzó por "hacer una narración que tuviera el atractivo del relato, pero que fuera fiel a la historia". Para lograr ese impulso narrativo, alternó capítulos centrados en los personajes, como los emires Abd al-Rahman I o III, Al Mansur o san Eulogio, con escenas de la vida cotidiana, detallando las costumbres, las casas o la mentalidad de la época, con judíos, árabes y cristianos conviviendo en la ciudad.

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En este sentido, y mientras recorría las salas del Álcazar de los Reyes Cristianos, Muñoz Molina destacó la vigencia de la historia, ya que se revive "tanto en las grandes construcciones como en gestos diarios, pasear por calles estrechas y sombreadas construidas entonces, o contemplar un palmeral construido por alguien que añoraba su tierra".

El escritor se refirió al proceso de creación por encargo --Rafael Borrás le pidió la obra para Planeta en 1989--, "pese a que se piensa que los libros nacen del capricho del artista". "Los encargos --consideró-- no son prestigiosos, pero sí fundamentales en la historia del arte".