Los nietos del 'boom' literario de Latinoamérica toman el relevo

ELENA HEVIA / BARCELONA

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La literatura latinoamericana está en plena ebullición y dispuesta a abrirse paso. La constatación se desprende de la cita que desde pasado mañana y hasta el próximo día 27 convocará en Bogotá, capital de Colombia, a los 39 mejores escritores latinoamericanos menores de 39 años. El canon surgió a raíz del pasado Hay Festival de Cartagena de Indias, filial latina del famoso encuentro literario inglés que tiene su correlato español en Segovia. La lista, que supone el establecimiento de una tercera generación tras el boom, es la criba de un total de 100 nombres, resultantes de las 2.000 votaciones de editores, autores, agentes literarios y lectores.

Las reglas del juego son mínimas. Se trataba de seleccionar a escritores nacidos en América Latina (aunque muchos de ellos vivan en Europa o Estados Unidos), menores de 40 años y que hayan publicado por lo menos un libro. Los ya consolidados escritores colombianos Héctor Abad Faciolince, Piedad Bonnet y Óscar Collazos tomaron la decisión final y el resultado es, para el también colombiano Juan Gabriel Vásquez (34 años), y uno de los 39, "todo lo arbitrario que se quiera, pero, en definitiva, una fiesta para la literatura".

REPRESENTATIVOS "La palabra mejor quizá no sea la más adecuada --precisó Bonnet en un alarde de corrección política durante la presentación de la lista el pasado mes de abril, cuando se hizo pública-- porque no están muchos buenos autores, pero sí se trata de los más representativos".

Pese a que entre la casi cuarentena de autores hay perfectos desconocidos aquí, más de la mitad, exactamente 21, han encontrado su lugar en las librerías a través de sellos como Ediciones B, Anagrama, Alfaguara o Seix Barral. "Para que un autor sea conocido en América Latina --dice el peruano Santiago Roncagliolo (32 años)-- primero debe editarse en España". Catapultado por el Premio Alfaguara de novela, lo sabe bien: "Los autores latinoamericanos nos conocemos en los aeropuertos".

SERIEDAD

Tanto Roncagliolo como Vásquez esperan ampliar su círculo de jóvenes autores en Bogotá. De momento, ambos dicen haber leído tan solo a la cuarta parte de la lista. "No siento una obligación sindical de leer a mis colegas, ni tampoco la solidaridad del idioma --afirma Vásquez, buen lector en lengua inglesa-- pero sí me consta que hay mucha gente trabajando con seriedad. Creo que es imposible establecer juicios definitivos sobre nosotros porque la mayoría tan solo hace una década, como mucho, que empezamos a publicar y nuestros libros más maduros solo tienen dos o tres años".

Uno y otro disienten sobre los posibles comunes denominadores del variopinto grupo que se despliega desde México hasta Argentina. "Creo que en general somos mucho más visuales de lo que eran nuestro mayores --aventura Roncagliolo--. Somos un grupo que ha crecido en un mundo escéptico con propuestas muy realistas. Los textos de García Márquez o Cortázar eran un desafío ilimitado a los límites de la realidad. Y nosotros no podemos ni queremos cruzar ese umbral".

Vásquez discrepa y tercia: "Estoy de acuerdo en que el poder de la imagen es muy fuerte para mis compañeros de generación, pero a mí no me ha influido ni el cine, ni la televisión ni los cómics. Para mí la palabra es el centro del asunto. Mis libros están hechos de otros libros".

El objetivo del encuentro en Bogotá será el diálogo de los autores a través de mesas redondas y la cercanía con el público.

Y como para establecer que los caminos de la literatura latinoamericana son inextricables Vásquez plantea un paralelismo curioso: "En los años 60, un editor catalán, Carlos Barral, sirvió de puente a distintos autores latinoamericanos para fraguar el boom. Ahora será un festival promovido por un minúsculo pueblecito inglés el que finalmente acabe reuniéndonos".