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Delirio con Flaming Lips y fiesta con Bloc Party

El 'show' hilarante de los de Oklahoma dio paso a otra triunfal entrega del joven cuarteto londinense

JUAN MANUEL FREIRE / BARCELONA

Han actuado otras veces en Barcelona --la última, el 15 de mayo--, pero nunca mejor. Los londinenses Bloc Party se hicieron con el favor del público gracias a un traslado poderoso al directo de su pop vehemente, febril, bailable, más allá del mero revival post-punk, abierto en múltiples direcciones.

El joven cuarteto bordó sus canciones más celebradas --Banquet, Helicopter, This modern love, Like eating glass--, pero es que también logró arrasar con otras menos esperadas: instantes melancólicos como la balada Sunday o Waiting for the 7.18 ganaron gran intensidad respecto a las versiones grabadas; al final de la segunda, guitarras oceánicas inundaban la Terminal O con una electricidad ensoñadora a la par que rabiosa.

Con directos así, cuesta poco ver a estos chicos superando el pequeño desliz de su segundo álbum y ofreciendo, más pronto que tarde, un tercero a la altura (casi estratosférica) del primero, Silent alarm.

Y de la estratosfera, por lo menos, bajó a la Tierra el show de The Flaming Lips, el grupo que precedió a Bloc Party en el mismo escenario. Lluvia de globos y confeti, con un inicio tremendo en el que Wayne Coyne se paseó sobre las cabezas del público metido dentro de un globo gigante. Algo escaso de voz para cantar pero sobrado de ella para la prédica, Coyne capitaneó uno de esos conciertos hilarantes tan propios de la banda de Oklahoma.