Iñárritu: "Mis películas no son nada académicas"

El director de 'Babel' se afianza para los Oscar tras ser el favorito a los Globos de Oro

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MERCEDES JANSA / MADRID

A la tercera puede ser la definitiva para que Alejandro González Iñárritu (México, 1963) entre en el olimpo de los directores tocados por las dichas del Oscar. Su tercer largometraje, Babel, una mirada globalizadora sobre el miedo a la diferencia, le puede dar la gloria a él, los actores, el guionista y el músico si las siete nominaciones para los Globos de Oro son un claro indicio de las preferencias de la Academia de Hollywood.

Rodada en tres países --México, Marruecos y Japón-- con la implicación de 1.200 personas y en cuatro idiomas --inglés, español, árabe y japonés, Babel cierra la trilogía que inició en el 2000 con Amores perros. Esta logró hasta 53 galardones en todo el mundo y fue candidata al Oscar como mejor película de habla no inglesa. En el 2003, con 21 gramos, Iñárritu colocó a parte del reparto --Sean Penn y Naomi Watts-- entre los nominados a la estatuilla dorada. Penn se llevó el galardón de mejor actor en Venecia.

"Mis películas no son muy acadé-

micas", comentó hace unos días el realizador mexicano de paso por Madrid, respecto a las posibilidades de que Babel entre en la carrera de los Oscar a gran velocidad. "Trato de mantener baja la expectativa". Hasta el momento, este filme le ha dado la Palma como mejor director en el último festival de Cannes.

TÁNDEM CON ARRIAGA

Con Babel, que se estrena el viernes 29 de diciembre en las salas comerciales, González Iñárritu habla de tú a tú a dos grandes maestros como Clint Eastwood y Martin Scorsese y da la oportunidad de lucimiento a uno de los actores más atractivos del momento, Brad Pitt.

Pero trabajar con este director es también una garantía para el lanzamiento de un artista latinoamericano en Estados Unidos. Así ocurrió con Gael García Bernal tras Amores perros. Y ahora es el caso de la actriz mexicana Adriana Barraza, el guionista, también mexicano, Guillermo Arriaga y el músico argentino Gustavo Santaolalla (oscarizado por la banda sonora de Brokeback Mountain y Diarios de motocicleta).

"Soy toda felicidad", declaró Barraza al conocer su nominación, que comparte con su compañera de reparto, la japonesa Rinko Kikuchi. "El vientito verá a donde nos tiene que llevar, pero ahora estoy verdaderamente feliz", añadió. Con o sin Globos u Oscar, Babel es la última colaboración entre González Iñárritu y Arriaga, dedicado a la producción de la adaptación de su propia novela El búfalo de la noche, que presentará en Sundance. "Es un escritor con un talento fantástico", opinó el director, tras nueve años de "fructí-

fera colaboración" con él.

En este intenso filme, ambos abordan cuatro historias cruzadas en las que personajes desconocidos entre sí toman decisiones que influirán en otros a miles de kilómetros. El disparo que recibe una mujer blanca turista en Marruecos (Cate Blanchett), los esfuerzos de su marido (Pitt) para que sea atendida, la desconfianza de los lugareños, el origen japonés de ese rifle utilizado por unos niños que la prensa hace pasar por terroristas y las circunstancias por las que atraviesan los hijos del matrimonio junto a la cuidadora mexicana forman parte de ese tsunami que director y guionista han creado como si se tratara de un efecto mariposa sociológico.

El realizador presiona a los personajes hasta el límite de su resistencia, y pide al espectador un esfuerzo para "implicarse emocionalmente" en los avatares de aquellos. Pero en esta ocasión, hay margen para la esperanza y el encuentro. Sin presencia de villanos, en el filme "todos son víctimas de sus circunstancias", dijo el realizador, que buscaba, entre otras cosas, reflexionar sobre los prejuicios, "sin caer en ellos".

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Así Iñárritu denuncia las "fronteras emocionales y psíquicas" a las que la globalización somete al ciudadano. "Son las más difíciles de combatir porque están construidas desde los prejuicios de las ideologías", añadió, y destacó que la religión y los nacionalismos son "los valores que han creado las fronteras entre los hombres".

Fronteras y prejuicios con los que se encuentra Iñárritu cada seis meses cuando viaja a México para renovar el visado. "Es el rito de humillación que hay en cada frontera; el abuso de poder". De ahí su irritada sensibilidad ante el muro que EEUU está construyendo en la frontera con su país para impedir la entrada de inmigrantes. "Es el monumento más grande a la estupidez humana".