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El Altaveu más diverso

Diego el Cigala, la Fundación Tony Manero y Roger Mas compartieron protagonismo

JORDI BIANCIOTTO / SANT BOI DE LLOBREGAT

El lema de Altaveu de este año es Fauna variada, y la jornada del viernes fue su reflejo más inequívoco: flamenco y copla-jazz con Diego el Cigala, canción de autor místico-silvestre con Roger Mas y evasión discotequera de la mano de la Fundación Tony Manero. Tres menús temáticos que expresaron esa voluntad de convertir a Sant Boi de Llobregat en sede ocasional de músicas de variado pelaje.

En la plaza del Ajuntament, abarrotada, reinó el arte jondo, aunque muy mediatizado por escapadas copleras y un tratamiento de jazz aportado por un piano y un contrabajo en diálogo con la guitarra y el cajón. Mucho público, unas 3.000 personas según la organización, y un espacio muy amplio y algo ruidoso en el que los matices de El Cigala no siempre fueron apreciados.

Quizá el cantaor no se encontraba tan cómodo como en un tablao madrileño, pero superó la situación con algunas visitas a su reciente Picasso en mis ojos y a temarios copleros que evocaron su alianza con Bebo Valdés: de Corazón loco a Dos gardenias, pasando por Lágrimas negras. Emoción un poco desamparada y, al final, unas bulerías y fandangos que sacaron a la superficie el temperamento más profundo del Cigala.

TÁNDEM FORESTAL

El espíritu originario de Altaveu, el cultivo de la canción de autor autóctona, hizo su aparición en Cal Ninyo. El Fill del Mestre, bautizado en honor a la canción de Sisa del disco Qualsevol nit pot sortir el sol, apareció como un fabulador de historias fuera de tiempo, apuntalado en guitarras, violín y acordeón en canciones delicadas e insinuantes, como salidas de un bosque escondido más allá del Eix Transversal. Guiños de blues, presencia de Xavier Baró como invitado, muestras de su primer disco, 78, y adelantos de su sucesor.

Preparó el ambiente para un Roger Mas que sigue mutando tras Mística domèstica, un disco que cada día parece más el seductor desvío pop de una trayectoria con metas severas en una canción de autor de tacto forestal. Su concierto fue muy distinto (y mejor) que el de Luz de Gas: nuevos arreglos (Oriol Roca a la batería) y un repertorio con reinvenciones del pasado, desde la alucinógena Senyora dels guants vermells a I la pluja es va assecar..., pasando por nuevas miradas a Pi de la Serra (Cançó de l'atzar y Volant) y a su presente editorial (El rei de les coses, esa cima).

A muchos kilómetros mentales de distancia (y 10 minutos a pie), la Fundación Tony Manero acaloraba Can Massallera con su funk expansivo, que se distancia de sus raíces en la disco music. Antes, la receta postmoderna de Möondo y el reggae-pop de Plouen Catximbes, ambos dentro de la parcela Altaveu Frontera, marcaron el terreno en un recinto que llegó a ponerse intransitable.