Emergentes del año

Pau Roca, un motor de la agitación en Gràcia

  • Con sus socios de la compañía teatral Sixto Paz y de los dos restaurantes Lluritu, han dado un paso más al abrir el ecléctico vivero de La Muriel

  • Un año como este no ha frenado al actor en el reto de llevar adelante un proyecto que aúna, de forma desacomplejada, la creación cultural con la gastronomía

Pau Roca, sentado en una silla con ’mensaje’ de La Muriel, un vivero cultural del barrio de Gràcia.

Pau Roca, sentado en una silla con ’mensaje’ de La Muriel, un vivero cultural del barrio de Gràcia. / Ferran Nadeu

Se lee en minutos

Bajando de la plaza del Nord por la calle de Verntallat, a mano izquierda, lo que fue un taller y después una galería fotográfica llamada Mecànic es hoy un espacio cultural y gastronómico rebautizado como La Muriel que abrió sus puertas (hoy cerradas por las restricciones) en septiembre. Quien pase por esa calle de la parte alta de Gràcia seguro que no podrá evitar la tentación de curiosear a través de una enorme puerta acristalada. 

Si lo hace verá un espacio de grandes dimensiones y techo alto, casi un hangar, con mesas y sillas por todos lados, una barra al fondo a la derecha (con un impactante neón encima con la palabra 'Bella') y un mural pintado en la pared de la izquierda. Pero La Muriel esconde mucho más. Es el nuevo proyecto de dos equipos, el de la compañía teatral Sixto Paz y el de los socios de los restaurantes Lluritu y Lluritu 2, que han unido esfuerzos con el pegamento que supone la presencia en ambos equipos del actor Pau Roca. Él ya estuvo pilotando en el 2013 el nacimiento de una compañía innovadora en el concepto de taquilla inversa, la que permite al espectador pagar a la salida de una obra a su antojo. Y hace unos cuatro años dio rienda suelta a su otra alma, la gastronómica, con el Lluritu, una pequeña marisquería, también en Gràcia (hábitat natural de Roca). «Como las de Madrid, en las que puedes tirar al suelo la cabeza de la gamba», dice.

Un momento para dudar

Pero esa capacidad de emerger en un año tan infausto que ha traído hasta esta página a Pau Roca -como estandarte de la osadía de esos dos grupos de los que forma parte- llega con la aventura de La Muriel. Que los golpes de suerte pueden apuntalar grandes ideas lo confirma cómo se forjó el proyecto. Llevaba un tiempo la gente de Sixto Paz sopesando tener su propia sala. Pero la fortuna, en forma de un traspaso oportuno y asumible, reformuló esa intención.

«Dudamos, porque este es un momento para dudar. Pero nos dijimos 'palante'. Se dimensionó pensando en el rebrote de octubre, así empezamos el negocio"

«Dudamos, porque este es un momento para dudar. Pero nos dijimos 'palante'», recuerda Roca. A favor jugó incluso que La Muriel nació bajó la sombra temible del coronavirus. «Se dimensionó pensando en el rebrote de octubre, así empezamos el negocio. Tenemos gente en erte y yo he trabajado mil horas gratis en las que he dejado de ver a mi hijo. Los Lluritus, como cualquier restaurante, no estaban dimensionado para una pandemia». El original está cerrado, porque su dimensión no permite abrirlo, y el segundo se ha movido en función de la normativa: solo take away o aforo del 30%. 

También un ‘coworking’

El trabajo de esas mil horas invertidas en La Muriel se empezó a ver antes de que las restricciones lo hayan paralizado todo. Porque si la suerte influyó en el hallazgo del espacio ideal, las intenciones del proyecto no son de aquellas que se improvisan en un rato tomando unas cervezas. La primera idea pasa por esa unión entre los dos universos de Roca. «Siempre he echado en falta que se dé importancia a la gastronomía en los espacios culturales. Ahora la Beckett lo ha hecho con más gracia. Nos gusta que sea algo más libre y menos encorsetado. La cultura también es fiesta», subraya.

«Siempre he echado en falta que se dé importancia a la gastronomía en los espacios culturales. Ahora la Beckett lo ha hecho con más gracia"

Cultura como fiesta y con mirada muy amplia en este vivero –en el que también hay un coworking– donde conviven creadores y clientes en horario matinal. Es el 'hub' creativo con residencias gratuitas para compañías o artistas visuales. «Pueden ensayar o trabajar. Solo les pedimos que acepten las miradas curiosas de quien pueda estar tomando un té o un café». Lunes y martes, con el bar cerrado, no hay público.

La segunda pata del proyecto ocupa el horario de tarde con la idea de «hacer barrio» abriendo la puerta al tejido cultural de Gràcia. O integrando una zona o instalación infantil para padres y niños a la salida del cole. «Con un columpio que cuelgue de la viga», apunta Roca. Esta segunda línea es la que tienen más pendiente por las lógicas limitaciones que ha impuesto el coronavirus.

Conciertos con poca amplificación

Te puede interesar

La exhibición, por supuesto con foco de gran angular, va en la última franja. Plantea desde un 'podcast' de radio en directo con una irreverente tertulia cultural, llamada 'Els nois del sucre', a la 'stand-up comedy' de las We Bitches. «Funcionaron muy bien, agotaban las entradas en una hora». No faltarán tampoco conciertos con poca amplificación, «queremos ser muy respetuosos con el barrio», vermuts con música sábados y domingo, y recitales de poesía, los domingos por la noche. Lo de eclécticos se les queda corto. Todo el 'pack' en marcha cuando la pandemia lo permita.

¿Y por qué La Muriel? «Muriel Carrot es el amor imposible del detective Sixto Paz en 'The Guarry Men Show'. Fue nuestra primera obra antes de fundar la compañía Sixto Paz».

Temas

Gastronomía