Los efectos de la tragedia del Gorg

Una cincuentena de antiguos residentes de la nave de Badalona se ha asentado en un campamento improvisado

Los afectados se niegan a ir a los hostales que les ofrece el ayuntamiento de Badalona, y reclaman soluciones “reales y efectivas”

“Seguimos sin tener noticias de algunos hermanos que sabemos que estaban dentro durante el incendio”, añade uno de los implicados

"Los alojamientos a los que nos envían están desperdigados por Barcelona y otras ciudades, y tienen unos horarios imposibles”, dice una superviviente del incendio

Personas que vivían en la nave incendiada de Badalona, en el campamento montado en una calle cercana del barrio de Gorg.

Personas que vivían en la nave incendiada de Badalona, en el campamento montado en una calle cercana del barrio de Gorg. / Ferran Nadeu

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Anna Rocasalva
Anna Rocasalva

Periodista.

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“Almas quemadas”, reza la sábana, a modo de pancarta, que rodea el campamento improvisado de los supervivientes de la nave incendiada de Badalona. En la rambla de Gorg, una gran avenida peatonal, una cincuentena de migrantes llevan varios días durmiendo en tiendas de campaña, cedidas por entidades sociales de la ciudad.

Allí lloran a sus difuntos. Se abrazan. Se consuelan. De vez en cuando, uno explota de rabia e impotencia. Otros fuman marihuana y ponen un poco de música. Todos comen juntos, compartiendo la comida caliente que les prepara una señora que vive en una nave ocupada colindante, y que los alimenta como si fuera su madre. Y esperan. Se niegan a abandonar la zona y ahora buscan convertirse en un símbolo de resistencia. “¿Dónde están los derechos humanos?”, se pregunta GBoy, uno de los supervivientes. “¡Que lo vea Europa! ¡Que lo vea todo el mundo!”, exclama, señalando el campamento.

El lugar escogido no es casual. Desde allí se puede observar el cordón policial que custodia las cenizas de lo que fue su hogar durante más de 10 años. Muchos no quieren alejarse porque todavía conservan la esperanza de que las autoridades les dejen acceder al lugar del siniestro. Otros se quedan porque desconfían del gobierno municipal. “Albiol quiere sacar todos los escombros rápidamente porque sabe que todavía hay más muertos allí y no quiere que se sepa”, denuncia Babacar. “Seguimos sin tener noticias de algunos hermanos que sabemos que estaban dentro durante el incendio”, añade, enfadado.

Cerca del asentamiento, varias personas se hacen selfis dentro de una bola gigante iluminada, un anuncio de que la Navidad está a la vuelta de la esquina. Sin embargo, para muchos de los antiguos residentes de la nave incendiada no hay futuro que valga, solo existe el presente. “Aquí no hay luz al final del túnel. Se lucha minuto a minuto”, explicaba el senegalés Pape.

“No nos movemos”

El lunes - cuando finalizaba el plazo de los alojamientos de urgencia en albergues-, el Ayuntamiento de Badalona informó que estaba ofreciendo, a las más de 130 personas que están en contacto con servicios sociales y que vivían en la nave, una solución para la emergencia habitacional. Se trata de un alojamiento en una pensión, con almuerzo y comida incluidas, durante 30 días prorrogables. Algo que, no obstante, no convence al pequeño reducto acampado en Gorg, que considera que es solo “un parche temporal” y que reclama “regularizar su situación legal” para poder acceder al mercado laboral.

“De aquí no nos movemos”, sentencia Cristina, una de las supervivientes de las llamas. “Los alojamientos a los que nos envían están desperdigados por Barcelona y otras ciudades, y tienen unos horarios imposibles”, comenta. La joven explica que los residentes de la nave están “muy asentados” en Badalona, donde trabajan sin contrato o comercializan con la chatarra, y no pueden desplazarse constantemente. También afirma que son una “comunidad muy hermanada” que prefiere “mantenerse unida”.

“Los mandan a Barcelona para que sean un problema de Colau”, concluye Gaby Morales, una mujer que ha entablado amistad “de muchos años” con algunos de los migrantes, y que ha venido al campamento a mostrarles su apoyo. “Quieren jugar al ‘divide y vencerás’. Nos quieren tener controlados y que seamos un estorbo para otras ciudades”, agrega Cristina. 

Desconfianza en los servicios sociales

La Conselleria de Treball, Afers Socials i Famílies transferirá al Ayuntamiento de Badalona este año 750.000 euros adicionales para la atención a las personas sin hogar en la ciudad. Unos recursos que entre otros aspectos deben cubrir la acogida inmediata para las personas que vivían en la nave industrial incendiada. “¿Con este dinero no se puede buscar un alojamiento para todos nosotros juntos, que no nos disperse por la geografía catalana de una forma tan intencionada?”, se pregunta GBoy.

“Muchos hermanos han perdido la fe en los servicios sociales”, los excusa el joven gambiano Adam Saro. A su lado, otro superviviente, con el pie roto y quemaduras en el brazo, asiente en silencio. Saro sí ha aceptado la alternativa de la pensión y, aunque entiende a sus compañeros, le preocupa que el ayuntamiento retire las ayudas si descubre que algunos no las aceptan. Sin embargo, el joven es consciente de que la pensión no es una panacea. “Me parece bien trasladarme a Barcelona, pero me siento muy poco acompañado. Solo hablo inglés y, aparte de tener un techo temporal, ningún técnico me explica cómo puedo regularizar mi situación. Lo único que quiero es tener papeles para ponerme a trabajar”, describe.

Preocupación entre los vecinos

El asentamiento improvisado ha encendido las alarmas de algunos vecinos del barrio que estos días han mantenido reuniones a puerta cerrada con el consistorio. El martes por la noche, una treintena de badaloneses se entrevistaron con el alcalde Xavier García Albiol y la concejala del distrito, Florencia Badia. “No puede ser que estén haciendo fuego, haciendo sus necesidades, gritando… Lo que ha pasado es una desgracia, pero la solución no es montar un campamento”, afirmaba la presidenta de una comunidad de vecinos cercana, que prefiere no revelar su identidad, antes de la reunión.

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“Este señor que vendrá hoy [Albiol] es de la ‘política del palo’. Pero parte de los residentes de la nave son gente que quiere trabajar, que quieren papeles, que los podemos integrar, y reciben palos”, expresa el presidente de la mancomunidad de vecinos, Albert González.

Durante estos últimos días, Albiol ha enviado una carta a los vecinos de Gorg donde afirma “ser consciente de los problemas que está generando la nueva situación”, y que ya se están realizando las “gestiones oportunas para resolverla de la forma más inmediata”. Por su parte, los migrantes del campamento han expresado que si la policía quiere desahuciarles “les encontrarán de frente”.

Condiciones para el alojamiento

En un documento, al que ha tenido acceso EL PERIÓDICO, se observa que el Ayuntamiento de Badalona impone condiciones a los supervivientes de la nave incendiada de Gorg que necesiten una alternativa habitacional. Unas condiciones que, para algunos de los migrantes, reafirman la sensación de estar “vigilados y controlados”.

El escrito, que debe ser aceptado, firmado y rellenado por la persona usuaria, describe que el alojamiento incluye la pernoctación, el desayuno y la comida, por un mínimo de 30 días con posibilidad de prórroga. Sin embargo, expresa que el alojamiento en la ciudad de Badalona “no está garantizado”.

Asimismo, si el usuario no se presenta a la pensión o se salta la comida durante dos días consecutivos o durante tres días alternados, los beneficiarios “perderán el derecho al alojamiento”.