“Antes muertos que volver a África”: así era vivir en la nave incendiada de Badalona

  • Entre 150 y 200 migrante subsaharianos ocupaban el inmueble desde hacía más de 10 años
  • Los residentes ilegales vivían en condiciones de indigencia, en dependencias hacinadas

El patio interior de la nave industrial ocupada, en Badalona. / ANNA ROCASALVA

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Anna Rocasalva
Anna Rocasalva

Periodista.

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En la nave abandonada del barrio badalonés del Gorg vivían entre 150 y 200 personas, aunque “sólo” pernoctaban “una sesentena de ellas”, explicaba Hadi, uno de los gambianos residentes a esta periodista, cuando pudo entrar al edificio el verano pasado para comprobar quienes eran y cómo vivían los ocupantes del autodenominado “gueto de Badalona”.

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El inmueble había sido ocupado ilegalmente desde hacía más de 10 años y, desde entonces, sus residentes no habían parado de aumentar. La conquista del espacio funcionaba a través del boca oreja, como describía Mohamed, a quien su primo había hablado de este lugar; o como Hadi, que reveló que “unos paisanos le dieron la oportunidad de instalarse allí”. “Sin permiso de residencia no puedes alquilar un piso y, ¿qué haces? ¿Te mueres en la calle?”, se preguntaba.

La mayoría de los ocupantes de la nave eran hombres, de entre 20 y 50 años, provenientes del África Subsahariana que vivían en condiciones de indigencia. Casi ninguno de ellos tenía regularizada su situación en España cosa que, según los testigos con los que habló esta periodista, les condenaba a vivir en el “limbo de la alegalidad”. Sobrevivían de las pocas ganancias del top manta o de vender chatarra. Pero todo eso era infinitamente mejor que volver a África. “Después de pasar un infierno, aquí hay gente dispuesta a morir antes de volver a su país”, sentenciaba Natasha, una joven africana que, de vez en cuando, se pasaba por el edificio para ayudar a los residentes.

“Aunque no tengamos el mismo nivel, los africanos somos personas”, exclamaba Lamine, uno de los residentes veteranos. “No venimos a quitar el trabajo, podemos limpiar hoteles, cocinas, calles… pero sin papeles el empresario te explota y el Estado tampoco gana”, lamenta.

Un polvorín

Desde poco antes del estado de alarma, la nave ocupada de Badalona se había convertido en el punto de mira de vecinos y autoridades políticas y policiales. La zona era un polvorín que amenazaba con estallar desde hacía tiempo. “Durante el confinamiento quedamos encerrados y las cosas se calentaron un poco, empezamos a pasar hambre y algunos jóvenes explotaron”, confesaba el senegalés Afiya, que llevaba 10 años viviendo en el inmueble.

Durante la primera ola de la pandemia y los meses de verano consiguientes, varios vecinos empezaron a difundir por las redes sociales vídeos de actos incívicos de diversa índole, como peleas en plena calle, que asociaban directamente con los residentes del edificio abandonado. Algunos de los autores de estos vídeos contactaron directamente con esta periodista para denunciar que “vivían con miedo” puesto que, según ellos, habían aumentado los “robos, la prostitución y el tráfico de drogas” en el barrio que, aseguraban, cometían los ‘okupas’ de la nave.

“No tenemos ni para comer, ¿cómo quieren que compremos cocaína?”, se preguntaba Lamine, uno de los residentes más mayores, con 56 años. “Es cierto que algunos fuman marihuana; pero la gente que roba y trafica no vive aquí. La policía les pilla fuera y dicen que son del gueto pero no es verdad”, justificaba.

“Un día se colaron en mi garaje y me robaron las bicicletas para venderlas en un taller cercano”, explicaba una vecina que prefería no revelar su identidad para preservar su seguridad. “Desde mi ventana se puede ver una plantación de marihuana”, exclamaba otro vecino que no quiso identificarse. Durante esta reunión, en la que sus protagonistas afirmaron “sentirse desamparados”, el ambiente llegó a caldearse hasta tal punto que un vecino llegó a proferir amenazas tales como “incendiar la nave con los ‘okupas’ dentro”.

Ante tales afirmaciones, el propio alcalde popular de Badalona, Xavier García Albiol, en una entrevista para 'Metrópoli Abierta', justificó el enfado diciendo que la gente estaba “desesperada tras muchos años de vivir un conflicto diario”, pero quiso dejar claro que los vecinos “no harían nada a los inmigrantes porque son gente civilizada”.

La mañana de este jueves, el primer edil ha declarado que el Ayuntamiento “era conocedor de la situación y del propietario del inmueble” y que se había iniciado una “actuación urbanística”. “En septiembre hicimos una reunión específica para hablar de la nave con los cuerpos de seguridad”, ha explicado.

Hacinados

El autodenominado “gueto de Badalona” era una nave industrial abandonada con un gran patio central. Se accedía a través de una puerta de hierro, que solía estar abierta para facilitar el acceso de sus residentes. La luz estaba pinchada y el agua se obtenía de las fuentes cercanas a la parada de metro de Gorg. “Antes teníamos un surtidor en el patio pero nos cortaron el suministro antes de la pandemia”, explicaba Hadi, residente del inmueble desde 2013.

Las habitaciones estaban abarrotadas de materiales, sobre todo electrodomésticos rotos que, según fuentes de los bomberos, podrían haber actuado de “combustible” durante el incendio de la anoche del miércoles.

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En el patio se acumulaban palés de madera, que uno de los ocupantes convertía en muebles para vender; varios carros de la compra para transportar chatarra, y mesas y sillas que componían la terraza improvisada de esta zona común. Daban al patio cinco puertas: dos que conducían a una especie de bares, y otras tres que llevaban a las dependencias personales, muy compartimentadas, donde pernoctaban los ocupantes. Los recién llegados dormían en las plantas superiores, en tiendas de campaña.

Las dos barras de bar que daban al patio habían sido motivo de quejas de los vecinos, que denunciaron que, durante el confinamiento, se celebraron fiestas multitudinarias, con música a todo volumen.