LOS BOMBAZOS DEL VERANO (2)

El fichaje de Hansi Krankl: ‘Mascletà’ veraniega por el Bota de Oro

Barça y Valencia se enzarzaron en una batalla jurídica por el fichaje del goleador en el verano de 1978. El Barça se llevó finalmente al delantero austriaco. Tenía su firma y, sobre todo, sus ganas de jugar en el Camp Nou. 

Asensi y Krankl exhiben la Recopa de Europa de 1979 conquistada en Basilea ante el Fortuna Düsseldorf (4-3).

Asensi y Krankl exhiben la Recopa de Europa de 1979 conquistada en Basilea ante el Fortuna Düsseldorf (4-3). / Rafa Seguí

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Jordi Tió
Jordi Tió

Periodista

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Valencia ardía y una estruendosa mascletà retronaba a diario por el entonces estadio Luis Casanova (hoy Mestalla). No, la ciudad no celebraba las tradicionales fallas de marzo, de eso hacía ya tres meses. De hecho, la capital del Turia y, en especial, los aficionados del Valencia estaban para pocas fiestas. Era finales de junio de 1978 y el Barça, con Josep Lluís Núñez recién aterrizado en la presidencia del club azulgrana, estaba a punto de birlarle el que tenía que ser el nuevo buque insignia del equipo che: el austriaco Hansi Krankl, flamante Bota de Oro europeo.

El Barça acababa de perder a su gran referente (Johan Cruyff se marchó ese verano tras cinco temporadas en el Camp Nou) y Núñez necesitaba un golpe de efecto para empezar con buen pie su mandato. Por eso envió a los vicepresidentes Nicolau Casaus y Joan Gaspart hasta Viena con el objetivo de fichar al goleador del Rapid, quien a sus 25 años venía de firmar una brillante temporada con 41 goles en 36 partidos.

El Valencia llegó a un acuerdo con el Rapid Viena por 64 millones de pesetas; luego el Barça pagó 80.

El problema era que el Valencia ya había hecho ese mismo viaje en el mes de abril, cuando arrancó la firma del presidente del club vienés para sellar el traspaso de su gran figura. Las condiciones del fichaje eran elevadas: 64 millones de pesetas para el club y 5 millones (sueldo y primas, aparte) para el goleador, quien durante el Mundial de Argentina, donde brilló con su selección (marcó cuatro goles, uno a España), ya expresó su deseo por jugar junto al argentino Mario Alberto Kempes, estrella y goleador valencianista. El Barça, sin embargo, supo sacar tajada de varias lagunas jurídicas de la operación y, sobre todo, hizo valer el poder de su entonces esplendorosa chequera (eran otros tiempos). 

Hansi Krankl ayuda a Ángel Mur a atender a Johan Neeskens en el Barça-Sporting de Gijón de abril de 1979.


/ Agustí Carbonell

Una cláusula ‘trampa’

El acuerdo firmado entre el Rapid de Viena y el Valencia, que seguía pendiente de nacionalizar a Kempes, ya que tenía cubierto el cupo de extranjeros (solo podían inscribirse dos), tenía una cláusula trampa a la que se agarraron los negociadores azulgranas: el convenio necesitaba de la firma del futbolista para ser válido a todos los efectos. Krankl nunca llegó a firmar ese documento. Y aunque el Valencia amenazó con denunciar ante la UEFA la maniobra barcelonista, aduciendo una duplicidad de contratos, lo cierto es que la demanda no llegó a prosperar.

"Me parece normal que Krankl quiera ir al Barça si le ofrece más dinero, pero se olvida de que hay un documento firmado", aseguraba Pasieguito, entonces secretario técnico valencianista. Sí, estaba rubricado por el presidente del club austriaco, pero no por quien tenía la sartén por el mango. El jugador no dudó cuando Casaus y Gaspart le mostraron las cifras que le ofrecía el Barça: 15 millones anuales por tres temporadas. Pilló el boli y firmó. Tampoco puso el grito en el cielo el Rapid, ya que sacó 15 millones más por el traspaso, cerrado al final por 80 kilos. 

Hansi Krankl en una visita al Camp Nou en 2008.

/ Josep Maria Arolas

Solo faltaba la firma

"Estaba de acuerdo en venir y solo faltaba su firma, pero nos ha salido por peteneras", sentenció un contrariado Pasieguito mientras los despachos del club valencianista echaban humo y trataban de buscar resquicios legales para abortar la operación. José Ramos Costa, entonces presidente che, llamó a la puerta de la UEFA y de la federación española para demostrar que tenía los derechos del jugador, pero le faltaba lo más importante: la rúbrica de Krankl. Y sin esa firma, los documentos eran papel mojado.

El mosqueo institucional y la polémica entre ambos clubs duró varias semanas pero todo quedó finiquitado cuando la Dirección General de Transacciones Exteriores de España dio permiso al Barça para sacar en divisas el montante del fichaje.

"No es un genio del fútbol pero será positivo para el bloque", dijo Nicolau Casaus, rectificando, tras decir que Krankl no tenía suficiente imagen para el Barça.

"El Valencia que diga lo que quiera. Lo tenemos todo en regla: los contratos con el club y con el jugador están firmados y en nuestro poder. El secretario general, Anton Parera, viaja ya a Madrid para hacer los trámites en la federación. Nadie nos lo va a quitar". Así de contundente se expresaba Casaus, a finales de junio, quien sin embargo tuvo que hacer una rectificación sobre el jugador, de quien meses antes aseguró: "Le falta imagen para la categoría del Barça". "No es un genio del fútbol, pero será positivo para el bloque y construir el nuevo Barça. Quizá no maticé bien mis palabras", rectificó el vicepresidente a pocos días del aterrizaje del nueve. 

Neeskens, Krankl y Rijkaard, en una visita del exdelantero austriaco en 2006.

/ Paco Largo

Krankl acabó la Liga como Pichichi y colaboró en la conquista de la Recopa de Basilea.

"No vengo a sustituir a Cruyff"

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El 30 de junio de 1978 Krankl llegaba a Barcelona junto a su esposa, Ingrid. "Mi único parecido con Cruyff es que me llamo Johan", soltó cuando le preguntaron si venía a ocupar el rol del holandés volador. "No vengo a sustituirlo", agregó Krankl, abrumado ante tanta expectación y luciendo ya una corbata estampada con escudos del Barça. "Nunca di mi palabra al Valencia", reiteró. "Espero que no estén enfadados conmigo".

Núñez presentó al futbolista en La Masia, por la tarde tomaba posesión del cargo de presidente y aún tuvo tiempo de asistir a la fiesta de boda de Carles Rexach. "Me ha impresionado el estadio, incluso vacío. Lo que debe ser cuando está lleno", valoraba un ilusionado Krankl, de vuelta a Viena. Quince días más tarde regresaba para empezar la pretemporada, con el entrenador francés Lucien Muller al frente, una campaña que acabó con Krankl como Pichichi (marcó 29 goles en la Liga) y con la conquista de la Recopa de Europa en Basilea ante el Fortuna de Düsseldorf. Hansi marcó el cuarto… Pero eso ya es otra historia. 

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